/ lunes 8 de abril de 2024

Se extingue Glaciar Norte del Citlaltépetl más rápido de lo proyectado

La desaparición del Jamapa implica varias alteraciones al Citlaltépetl, pues las zonas bajas de la montaña dejarán de recibir agua y eso impactará negativamente en los bosques y cultivos de maíz, frijol y papa

Tras casi 550 mil años de existencia, el glaciar más grande e importante de México, situado en el Citlaltépetl –conocido como Pico de Orizaba–, se extinguirá antes de 2030 debido al calentamiento global. Según científicos, su inminente agonía supone una franca amenaza para las poblaciones aledañas de Puebla y Veracruz, pues ello agudizará las sequías sobre el Valle de Serdán, reducirá la capacidad de infiltración hídrica a los acuíferos y degradará eventualmente los ecosistemas de este lugar, incluidas su flora y fauna, entre otras secuelas.

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Mediciones recientes de temperatura en la montaña más alta del país, el Citlaltépetl, elaboradas por investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y la Universidad Veracruzana (UV), demostraron que el creciente calentamiento atmosférico ha derretido buena parte de su glaciar, conocido también como Jamapa. Hasta hace poco más de un lustro se calculaba que la extinción de este ecosistema helado tardaría entre 20 y 25 años, pero, ante el acelerado aumento climático, los pronósticos le dieron hasta 2030 como máximo.

En entrevista con El Sol de Puebla, Hugo Delgado Granados, doctor en Ciencias por la Tohoku University de Japón e investigador del Instituto de Geofísica de la UNAM especializado en Vulcanología y Glaciología, advierte que la extinción del glaciar norte del Citlaltépetl, que es el último de su tipo, desencadenará varias problemáticas a largo plazo, como la desadsorción de la radiación, que agravará las sequías en sitios como el Valle de Serdán.

Francisco Javier Sánchez Ruiz, doctor en Ingeniería Química por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH) y miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), subraya que la desaparición de este glaciar simboliza el último aliento para dichos ecosistemas situados estratégicamente entre los trópicos de Cáncer y Capricornio.

Según el especialista, quien también es catedrático de la Facultad de Ingeniería Ambiental de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP), en nuestra entidad las afectaciones tangibles serán la reducción de agua para las poblaciones cercanas y la industria agropecuaria, así como el desbalance climático en esa misma zona, que ahora será más árida.

Carlos Alberto Huerta Aguilar, doctor en Ingeniería Ambiental por la UNAM e investigador especializado en Cambio Climático y Ciencias en el Tecnológico de Monterrey Campus Puebla, advierte que la extinción del glaciar implica el fin de una era ecológica en “un capítulo no muy grato de la vida humana”. Con ello, afirma, la temperatura en las cercanías a la montaña pueden llegar a ser entre uno a cinco grados centígrados más altas en las próximas décadas.

El creciente calentamiento atmosférico ha derretido buena parte de su glaciar, conocido también como Jamapa. Foto: Bibiana Díaz / El Sol de Puebla

Jamapa, el glaciar de relevancia mundial

La UNAM define a los glaciares como “masas de hielo que permanecen en las cumbres de las montañas durante por lo menos un año”.

Una investigación elaborada por Carlos Welsh, Carolina Ochoa y Marco Morales, catedráticos del Centro de Ciencias de la Tierra de la UV, sostiene que los glaciares destacan por su capacidad de obtener grandes cantidades de agua, lo cual es beneficioso para los ecosistemas boscosos, así como los sistemas de montaña y los propios valles.

Sánchez Ruiz enfatiza que el Jamapa, situado en el Pico de Orizaba, cuya cumbre está a 5 mil 610 metros sobre el nivel del mar, según el Instituto Nacional de Estadìstica y Geografía (Inegi), posee relevancia mundial. Por varios miles de años tuvo su imponente presencia entre los trópicos de Cáncer y Capricornio, uno de los puntos más cálidos de la Tierra, donde todavía existen entre 25 y 30 glaciares.

Este ecosistema se ubica en uno de los volcanes más altos del mundo. Un análisis elaborado por Delgado Granados y los investigadores Víctor Hugo Soto y Guillermo Ontiveros, también de UNAM, señala que el Citlaltépetl tiene cerca de 650 mil años de antigüedad.

Dicho documento exhibe también que la cubierta vegetal del entorno montañoso se compone de bosque mesófilo. En diferentes puntos del lugar existen ejemplares de punto-encino, pino patula, ocote, pino hartwegii, oyamel, entre otros.

Huerta Aguilar precisa que el Jamapa se estableció 100 mil años después del origen de la montaña, es decir, hace unos 550 mil años. En su momento, la nieve incluso acaparó el velo del Pico de Orizaba, resalta.

Gracias a este glaciar se garantiza la infiltración del agua al subsuelo, lo que permite que se mantengan los ecosistemas en ese punto. También es capaz de retener la radiación solar, protegiendo la superficie terrestre de los rayos ultravioleta, entre otras acciones, enfatiza el catedrático del Tec de Monterrey Campus Puebla.

Hasta 2014, según la UV, había nueve mil personas en Puebla y Veracruz que se beneficiaban de las aguas provenientes del deshielo natural del Jamapa. Este recurso hídrico, hasta entonces, era utilizado esencialmente para satisfacer las necesidades básicas de la población.

¿Que significará la desaparición del glaciar del Citlaltépetl?

Para Sánchez Ruiz, la desaparición de esta masa representa un penoso suceso en la historia de la humanidad, pues, tras su extinción, otros glaciares continentales harán lo mismo en los próximos años, agudizando la vulnerabilidad del planeta ante el cambio climático.


El académico sostiene que, de acuerdo con estudios realizados conjuntamente entre UPAEP, UV, así como la Universidad de Texas (UT), hasta 2015 la temperatura global incrementó 1.2 grados centígrados. Este valor condujo a los especialistas a pronosticar la extinción del Jamapa en un periodo de entre 20 a 25 años.

No obstante, según Sánchez Ruiz, mediciones recientes elaboradas por la casa de estudios poblana, que se basaron en modelos matemáticos y el monitoreo satelital de la montaña y la superficie terrestre, señalaron que la temperatura en el mundo creció 1.8 grados centígrados.

Este nuevo hallazgo evidenció que el glaciar perdió casi 60 por ciento de su masa helada, debido a la considerable reducción de la precipitación de nieve que lo alimenta. Por lo tanto, científicos coincidieron en que el acelerado e inminente calentamiento de la Tierra terminará por extinguir este ecosistema en no más de siete años, recalca el especialista de UPAEP.

El glaciar más grande e importante de México, situado en el Pico de Orizaba, se extinguirá antes de 2030. Foto: Bibiana Díaz / El Sol de Puebla

Con este incremento que tenemos de 1.8 grados centígrados, ya no vemos que el glaciar pueda durar los 20 a 25 años que proyectaba la UV. Con estos modelos que tenemos, estamos proyectando de cinco a siete años como máximo la vida del glaciar, ya lo estamos viendo muy afectado por el cambio climático declara Sánchez Ruiz.

Y agrega: “Científicos de la Universidad de Chicago nos han expuesto que no les gustaría perder este glaciar, porque básicamente es un punto de referencia geográfico para saber qué otros glaciares se van a perder dentro de estos dos trópicos. Por ello, si el tiempo de vida que le estamos proyectando de 7 años como máximo ocurre, la mayoría de los glaciares en Sudamérica se van a perder también en los próximos tres años”.

Al respecto, Delgado Granados, quien ha estudiado por mucho tiempo el comportamiento geofísico del planeta, reconoce que el retroceso de hielo en el Citlaltépetl “ha sido muy fuerte”.

Estudios realizados por el especialista junto a un equipo de investigadores nacionales evidenciaron que la masa helada de este lugar es muy susceptible ante el aumento de calor, situación que intensifica su acelerado riesgo de extinción. Además, los reportes indican que el glaciar empezó su retroceso más importante desde finales de la década de 1950.

Delgado Granados apunta que realizar pronósticos es complejo y aventurado, sobre todo porque, en muchos casos, se vuelven predicciones subestimadas. No obstante, reconoce que hay fundamentos para advertir que el Jamapa posiblemente morirá entre 2025 y 2030.

Es muy probable que para 2030 no tengamos hielo, pero es una estimación que aún necesita muchísima verificación argumenta.

Ante ese contexto, Huerta Aguilar recalca que la extinción de este glaciar debe difundirse como un recordatorio de que se advirtió sobre las consecuencias del cambio climático, y que gracias a ello culminó la historia de un ecosistema que sobrevivió incluso a la Edad de Hielo más reciente, que empezó hace 110 mil años y terminó hace casi 10 mil años.

“Ya se está sintiendo el cambio, las temperaturas suben poco a poco, pero yo calculo que 10 años después de que el glaciar esté extinto será cuando se vea ya una diferencia significativa”, explica el investigador del Tec de Monterrey Campus Puebla.

Las secuelas futuras

El catedrático del Instituto de Geofísica de la UNAM, por su parte, explica que la desaparición del Jamapa implica varias alteraciones al Citlaltépetl y sus zonas aledañas.

Según Delgado Granados, una vez que se extinga el glaciar, será cuestión de tiempo para que las zonas bajas de la montaña dejen de recibir el aporte de agua que hasta hoy en día desciende del deshielo de esta masa.

Esto provocará también que las temperaturas en la altiplanicie dejen de ser lo suficientemente bajas, o frescas, como para mantener con vida los ecosistemas en ese lugar.

Además, la extinción del glaciar provocará que la superficie sea incapaz de “reflejar” la radiación. Dicho de otra manera, la masa helada de este lugar reflecta el calor, sin embargo, con su desaparición, esa materia será absorbida, lo que generará una zona de calentamiento.

El experto sostiene que esta situación traerá cambios al clima local, sobre todo en zonas como el Valle de Serdán, que incluye a municipios como Chalchicomula de Sesma, Tlachichuca y Atzitzintla. Esto, a su vez, impactará negativamente en los bosques y cultivos de maíz, frijol y papa que se benefician de este ecosistema en las faldas de la montaña.

“Al retroceder los glaciares, y al quedar expuestas zonas rocosas, sucede lo que se llama un cambio en el albedo. El albedo es la capacidad que tiene una superficie de reflejar la luz y, si la superficie es blanca, la radiación solar se va a reflejar tal cual. Si queda una superficie oscura, esa superficie, en lugar de reflejar, va a absorber la radiación, convirtiéndose en una zona donde se va a generar calor”, explica.

El deshielo del glaciar del Pico de Orizaba impactará negativamente en bosques y cultivos del Valle de Serdán. Foto: Bibiana Díaz / El Sol de Puebla


Ante ese contexto, Delgado Granados remarca que, a pesar de que la extinción del glaciar no supone directamente un riesgo a la alteración de precipitaciones, como sí lo hace el propio calentamiento global, la desaparición de esta masa helada reducirá considerablemente los aportes hídricos a los municipios y ecosistemas cercanos en tiempos de calor extremo. Esta situación eventualmente causará afectaciones drásticas en épocas de sequía.

Según Huerta Aguilar, dichos ajustes térmicos sucederán casi una década después de que se disipe este ecosistema helado, lo anterior sin contar que el efecto invernadero y otros factores relacionados al crecimiento de temperatura pueden agilizar el proceso.

El especialista del Tec de Monterrey Campus Puebla resalta que, si bien la desaparición del glaciar puede elevar hasta un grado centígrado la temperatura en la zona, cuando el hecho se combine con la extinción de otras masas heladas idénticas en la misma región, como ya sucedió en los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl, el crecimiento térmico podrá ser de hasta cinco grados. Esto desencadenará problemas mayores para Puebla, México y el mundo.

Menos agua, más calor

Sánchez Ruiz destaca que el declive del Jamapa impactará negativamente en la infiltración al sistema de aguas subterráneas, pues el agua generada por este “río helado” no llegará a los arroyos ni tampoco a los ecosistemas locales.

Lo anterior es relevante, pues no sólo se extinguirá una fuente de agua local, sino que también se reducirá capacidad a los ríos nutridos por esta corriente, afectando así la capacidad de infiltración en sus riberas, generando así pérdidas ecosistémicas incuantificables.

Por si esto fuera poco, el experto de la UPAEP remarca que el recurso hídrico utilizado por las poblaciones asentadas en la parte baja de la montaña dejarán de recibir el líquido para consumo doméstico y sus actividades económicas, como la agricultura.

Las afectaciones serán esencialmente para los estados de Puebla y Veracruz, sin embargo, para esta última entidad se dañarán varios cultivos situados desde Orizaba hasta Boca del Río.

Permafrost, riesgo futuro

Cuando el Jamapa deje de existir, la ausencia de agua o la agonía de los ecosistemas de la montaña no serán los únicos problemas que enfrente el Citlaltépetl, pues la capa de suelo congelada, conocida como permafrost, por su concepto en inglés, que se genera tras estar en un entorno helado por al menos dos años continuos, provocará varios efectos tras su deshielo.

De acuerdo con Delgado Granados, quien lleva varios años investigando los glaciares y el permafrost, esta capa de suelo se genera toda vez que algunos materiales, como arenas o cenizas, generalmente tienen cierto contenido de agua que se congela de forma sostenida luego de permanecer mucho tiempo en bajas temperaturas.

No obstante, al desaparecer el glaciar, el calor que predominará en la montaña generará el deshielo de estos elementos. Por lo tanto, al derretirse, dichas arenas se juntarán con el líquido y ello generará deslaves o derrumbes, lo que puede generar un riesgo para poblaciones y ecosistemas situados en las cercanías al Pico de Orizaba.

La cubierta vegetal del entorno montañoso se compone de bosque mesófilo. Foto: Bibiana Díaz / El Sol de Puebla

Resiliencia es obligatoria

Luego de la extinción de esta masa helada, la capacidad de adaptación será la única herramienta que tengan los habitantes de los municipios de Puebla y Veracruz situados en las faldas de la montaña, destaca Delgado Granados.

El académico mexicano expone que la desaparición de este glaciar “es un fenómeno que no se puede revertir”, debido a que el daño provocado al planeta por el cambio climático se acentúa cada vez más.

Por ese motivo, el catedrático de UNAM subraya que “necesitamos estar conscientes de lo que nos toca vivir, pues son tiempos donde debemos adaptarnos a estos cambios”.

Delgado Granados apunta que la agonía del Jamapa obliga a las autoridades mexicanas y a la propia población a establecer nuevas condiciones de supervivencia, pues en la actualidad existe poca preparación ante los efectos que están por venir.

Así, resalta la importancia de crear estrategias para adaptarse a la reducción de agua y al incremento de temperaturas que traerán consigo un entorno más árido en el Valle de Serdán, que, según la Comisión Nacional del Agua (Conagua), se encuentra actualmente en algún grado de sequía.

Huerta Aguilar, experto del Tec de Monterrey, destaca que en la actualidad es muy difícil modificar las tendencias de cambio derivadas del cambio climático, al menos en el corto plazo. En este momento no existe ninguna forma de prevenir la desaparición del glaciar y, por lo tanto, sus efectos posteriores. No obstante, resalta que hay maneras de aminorar las secuelas.

Ante ello, Sánchez Ruiz finaliza advirtiendo que la huella antropogénica en el Citlaltépetl es un riesgo inminente para su ya amenazada conservación.

Es por ello que el académico de UPAEP refiere que la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), así como la Comisión Nacional Forestal (Conafor), deben robustecer el plan de manejo del Parque Nacional Pico de Orizaba, que fue designado como tal en 1937 y comprende una superficie de 19 mil 750 hectáreas.

Según el experto, pese a que el glaciar quede extinto, el gobierno federal debe evitar que la contaminación en la montaña incremente frente a la llegada de turismo.

Tras casi 550 mil años de existencia, el glaciar más grande e importante de México, situado en el Citlaltépetl –conocido como Pico de Orizaba–, se extinguirá antes de 2030 debido al calentamiento global. Según científicos, su inminente agonía supone una franca amenaza para las poblaciones aledañas de Puebla y Veracruz, pues ello agudizará las sequías sobre el Valle de Serdán, reducirá la capacidad de infiltración hídrica a los acuíferos y degradará eventualmente los ecosistemas de este lugar, incluidas su flora y fauna, entre otras secuelas.

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Mediciones recientes de temperatura en la montaña más alta del país, el Citlaltépetl, elaboradas por investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y la Universidad Veracruzana (UV), demostraron que el creciente calentamiento atmosférico ha derretido buena parte de su glaciar, conocido también como Jamapa. Hasta hace poco más de un lustro se calculaba que la extinción de este ecosistema helado tardaría entre 20 y 25 años, pero, ante el acelerado aumento climático, los pronósticos le dieron hasta 2030 como máximo.

En entrevista con El Sol de Puebla, Hugo Delgado Granados, doctor en Ciencias por la Tohoku University de Japón e investigador del Instituto de Geofísica de la UNAM especializado en Vulcanología y Glaciología, advierte que la extinción del glaciar norte del Citlaltépetl, que es el último de su tipo, desencadenará varias problemáticas a largo plazo, como la desadsorción de la radiación, que agravará las sequías en sitios como el Valle de Serdán.

Francisco Javier Sánchez Ruiz, doctor en Ingeniería Química por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH) y miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), subraya que la desaparición de este glaciar simboliza el último aliento para dichos ecosistemas situados estratégicamente entre los trópicos de Cáncer y Capricornio.

Según el especialista, quien también es catedrático de la Facultad de Ingeniería Ambiental de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP), en nuestra entidad las afectaciones tangibles serán la reducción de agua para las poblaciones cercanas y la industria agropecuaria, así como el desbalance climático en esa misma zona, que ahora será más árida.

Carlos Alberto Huerta Aguilar, doctor en Ingeniería Ambiental por la UNAM e investigador especializado en Cambio Climático y Ciencias en el Tecnológico de Monterrey Campus Puebla, advierte que la extinción del glaciar implica el fin de una era ecológica en “un capítulo no muy grato de la vida humana”. Con ello, afirma, la temperatura en las cercanías a la montaña pueden llegar a ser entre uno a cinco grados centígrados más altas en las próximas décadas.

El creciente calentamiento atmosférico ha derretido buena parte de su glaciar, conocido también como Jamapa. Foto: Bibiana Díaz / El Sol de Puebla

Jamapa, el glaciar de relevancia mundial

La UNAM define a los glaciares como “masas de hielo que permanecen en las cumbres de las montañas durante por lo menos un año”.

Una investigación elaborada por Carlos Welsh, Carolina Ochoa y Marco Morales, catedráticos del Centro de Ciencias de la Tierra de la UV, sostiene que los glaciares destacan por su capacidad de obtener grandes cantidades de agua, lo cual es beneficioso para los ecosistemas boscosos, así como los sistemas de montaña y los propios valles.

Sánchez Ruiz enfatiza que el Jamapa, situado en el Pico de Orizaba, cuya cumbre está a 5 mil 610 metros sobre el nivel del mar, según el Instituto Nacional de Estadìstica y Geografía (Inegi), posee relevancia mundial. Por varios miles de años tuvo su imponente presencia entre los trópicos de Cáncer y Capricornio, uno de los puntos más cálidos de la Tierra, donde todavía existen entre 25 y 30 glaciares.

Este ecosistema se ubica en uno de los volcanes más altos del mundo. Un análisis elaborado por Delgado Granados y los investigadores Víctor Hugo Soto y Guillermo Ontiveros, también de UNAM, señala que el Citlaltépetl tiene cerca de 650 mil años de antigüedad.

Dicho documento exhibe también que la cubierta vegetal del entorno montañoso se compone de bosque mesófilo. En diferentes puntos del lugar existen ejemplares de punto-encino, pino patula, ocote, pino hartwegii, oyamel, entre otros.

Huerta Aguilar precisa que el Jamapa se estableció 100 mil años después del origen de la montaña, es decir, hace unos 550 mil años. En su momento, la nieve incluso acaparó el velo del Pico de Orizaba, resalta.

Gracias a este glaciar se garantiza la infiltración del agua al subsuelo, lo que permite que se mantengan los ecosistemas en ese punto. También es capaz de retener la radiación solar, protegiendo la superficie terrestre de los rayos ultravioleta, entre otras acciones, enfatiza el catedrático del Tec de Monterrey Campus Puebla.

Hasta 2014, según la UV, había nueve mil personas en Puebla y Veracruz que se beneficiaban de las aguas provenientes del deshielo natural del Jamapa. Este recurso hídrico, hasta entonces, era utilizado esencialmente para satisfacer las necesidades básicas de la población.

¿Que significará la desaparición del glaciar del Citlaltépetl?

Para Sánchez Ruiz, la desaparición de esta masa representa un penoso suceso en la historia de la humanidad, pues, tras su extinción, otros glaciares continentales harán lo mismo en los próximos años, agudizando la vulnerabilidad del planeta ante el cambio climático.


El académico sostiene que, de acuerdo con estudios realizados conjuntamente entre UPAEP, UV, así como la Universidad de Texas (UT), hasta 2015 la temperatura global incrementó 1.2 grados centígrados. Este valor condujo a los especialistas a pronosticar la extinción del Jamapa en un periodo de entre 20 a 25 años.

No obstante, según Sánchez Ruiz, mediciones recientes elaboradas por la casa de estudios poblana, que se basaron en modelos matemáticos y el monitoreo satelital de la montaña y la superficie terrestre, señalaron que la temperatura en el mundo creció 1.8 grados centígrados.

Este nuevo hallazgo evidenció que el glaciar perdió casi 60 por ciento de su masa helada, debido a la considerable reducción de la precipitación de nieve que lo alimenta. Por lo tanto, científicos coincidieron en que el acelerado e inminente calentamiento de la Tierra terminará por extinguir este ecosistema en no más de siete años, recalca el especialista de UPAEP.

El glaciar más grande e importante de México, situado en el Pico de Orizaba, se extinguirá antes de 2030. Foto: Bibiana Díaz / El Sol de Puebla

Con este incremento que tenemos de 1.8 grados centígrados, ya no vemos que el glaciar pueda durar los 20 a 25 años que proyectaba la UV. Con estos modelos que tenemos, estamos proyectando de cinco a siete años como máximo la vida del glaciar, ya lo estamos viendo muy afectado por el cambio climático declara Sánchez Ruiz.

Y agrega: “Científicos de la Universidad de Chicago nos han expuesto que no les gustaría perder este glaciar, porque básicamente es un punto de referencia geográfico para saber qué otros glaciares se van a perder dentro de estos dos trópicos. Por ello, si el tiempo de vida que le estamos proyectando de 7 años como máximo ocurre, la mayoría de los glaciares en Sudamérica se van a perder también en los próximos tres años”.

Al respecto, Delgado Granados, quien ha estudiado por mucho tiempo el comportamiento geofísico del planeta, reconoce que el retroceso de hielo en el Citlaltépetl “ha sido muy fuerte”.

Estudios realizados por el especialista junto a un equipo de investigadores nacionales evidenciaron que la masa helada de este lugar es muy susceptible ante el aumento de calor, situación que intensifica su acelerado riesgo de extinción. Además, los reportes indican que el glaciar empezó su retroceso más importante desde finales de la década de 1950.

Delgado Granados apunta que realizar pronósticos es complejo y aventurado, sobre todo porque, en muchos casos, se vuelven predicciones subestimadas. No obstante, reconoce que hay fundamentos para advertir que el Jamapa posiblemente morirá entre 2025 y 2030.

Es muy probable que para 2030 no tengamos hielo, pero es una estimación que aún necesita muchísima verificación argumenta.

Ante ese contexto, Huerta Aguilar recalca que la extinción de este glaciar debe difundirse como un recordatorio de que se advirtió sobre las consecuencias del cambio climático, y que gracias a ello culminó la historia de un ecosistema que sobrevivió incluso a la Edad de Hielo más reciente, que empezó hace 110 mil años y terminó hace casi 10 mil años.

“Ya se está sintiendo el cambio, las temperaturas suben poco a poco, pero yo calculo que 10 años después de que el glaciar esté extinto será cuando se vea ya una diferencia significativa”, explica el investigador del Tec de Monterrey Campus Puebla.

Las secuelas futuras

El catedrático del Instituto de Geofísica de la UNAM, por su parte, explica que la desaparición del Jamapa implica varias alteraciones al Citlaltépetl y sus zonas aledañas.

Según Delgado Granados, una vez que se extinga el glaciar, será cuestión de tiempo para que las zonas bajas de la montaña dejen de recibir el aporte de agua que hasta hoy en día desciende del deshielo de esta masa.

Esto provocará también que las temperaturas en la altiplanicie dejen de ser lo suficientemente bajas, o frescas, como para mantener con vida los ecosistemas en ese lugar.

Además, la extinción del glaciar provocará que la superficie sea incapaz de “reflejar” la radiación. Dicho de otra manera, la masa helada de este lugar reflecta el calor, sin embargo, con su desaparición, esa materia será absorbida, lo que generará una zona de calentamiento.

El experto sostiene que esta situación traerá cambios al clima local, sobre todo en zonas como el Valle de Serdán, que incluye a municipios como Chalchicomula de Sesma, Tlachichuca y Atzitzintla. Esto, a su vez, impactará negativamente en los bosques y cultivos de maíz, frijol y papa que se benefician de este ecosistema en las faldas de la montaña.

“Al retroceder los glaciares, y al quedar expuestas zonas rocosas, sucede lo que se llama un cambio en el albedo. El albedo es la capacidad que tiene una superficie de reflejar la luz y, si la superficie es blanca, la radiación solar se va a reflejar tal cual. Si queda una superficie oscura, esa superficie, en lugar de reflejar, va a absorber la radiación, convirtiéndose en una zona donde se va a generar calor”, explica.

El deshielo del glaciar del Pico de Orizaba impactará negativamente en bosques y cultivos del Valle de Serdán. Foto: Bibiana Díaz / El Sol de Puebla


Ante ese contexto, Delgado Granados remarca que, a pesar de que la extinción del glaciar no supone directamente un riesgo a la alteración de precipitaciones, como sí lo hace el propio calentamiento global, la desaparición de esta masa helada reducirá considerablemente los aportes hídricos a los municipios y ecosistemas cercanos en tiempos de calor extremo. Esta situación eventualmente causará afectaciones drásticas en épocas de sequía.

Según Huerta Aguilar, dichos ajustes térmicos sucederán casi una década después de que se disipe este ecosistema helado, lo anterior sin contar que el efecto invernadero y otros factores relacionados al crecimiento de temperatura pueden agilizar el proceso.

El especialista del Tec de Monterrey Campus Puebla resalta que, si bien la desaparición del glaciar puede elevar hasta un grado centígrado la temperatura en la zona, cuando el hecho se combine con la extinción de otras masas heladas idénticas en la misma región, como ya sucedió en los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl, el crecimiento térmico podrá ser de hasta cinco grados. Esto desencadenará problemas mayores para Puebla, México y el mundo.

Menos agua, más calor

Sánchez Ruiz destaca que el declive del Jamapa impactará negativamente en la infiltración al sistema de aguas subterráneas, pues el agua generada por este “río helado” no llegará a los arroyos ni tampoco a los ecosistemas locales.

Lo anterior es relevante, pues no sólo se extinguirá una fuente de agua local, sino que también se reducirá capacidad a los ríos nutridos por esta corriente, afectando así la capacidad de infiltración en sus riberas, generando así pérdidas ecosistémicas incuantificables.

Por si esto fuera poco, el experto de la UPAEP remarca que el recurso hídrico utilizado por las poblaciones asentadas en la parte baja de la montaña dejarán de recibir el líquido para consumo doméstico y sus actividades económicas, como la agricultura.

Las afectaciones serán esencialmente para los estados de Puebla y Veracruz, sin embargo, para esta última entidad se dañarán varios cultivos situados desde Orizaba hasta Boca del Río.

Permafrost, riesgo futuro

Cuando el Jamapa deje de existir, la ausencia de agua o la agonía de los ecosistemas de la montaña no serán los únicos problemas que enfrente el Citlaltépetl, pues la capa de suelo congelada, conocida como permafrost, por su concepto en inglés, que se genera tras estar en un entorno helado por al menos dos años continuos, provocará varios efectos tras su deshielo.

De acuerdo con Delgado Granados, quien lleva varios años investigando los glaciares y el permafrost, esta capa de suelo se genera toda vez que algunos materiales, como arenas o cenizas, generalmente tienen cierto contenido de agua que se congela de forma sostenida luego de permanecer mucho tiempo en bajas temperaturas.

No obstante, al desaparecer el glaciar, el calor que predominará en la montaña generará el deshielo de estos elementos. Por lo tanto, al derretirse, dichas arenas se juntarán con el líquido y ello generará deslaves o derrumbes, lo que puede generar un riesgo para poblaciones y ecosistemas situados en las cercanías al Pico de Orizaba.

La cubierta vegetal del entorno montañoso se compone de bosque mesófilo. Foto: Bibiana Díaz / El Sol de Puebla

Resiliencia es obligatoria

Luego de la extinción de esta masa helada, la capacidad de adaptación será la única herramienta que tengan los habitantes de los municipios de Puebla y Veracruz situados en las faldas de la montaña, destaca Delgado Granados.

El académico mexicano expone que la desaparición de este glaciar “es un fenómeno que no se puede revertir”, debido a que el daño provocado al planeta por el cambio climático se acentúa cada vez más.

Por ese motivo, el catedrático de UNAM subraya que “necesitamos estar conscientes de lo que nos toca vivir, pues son tiempos donde debemos adaptarnos a estos cambios”.

Delgado Granados apunta que la agonía del Jamapa obliga a las autoridades mexicanas y a la propia población a establecer nuevas condiciones de supervivencia, pues en la actualidad existe poca preparación ante los efectos que están por venir.

Así, resalta la importancia de crear estrategias para adaptarse a la reducción de agua y al incremento de temperaturas que traerán consigo un entorno más árido en el Valle de Serdán, que, según la Comisión Nacional del Agua (Conagua), se encuentra actualmente en algún grado de sequía.

Huerta Aguilar, experto del Tec de Monterrey, destaca que en la actualidad es muy difícil modificar las tendencias de cambio derivadas del cambio climático, al menos en el corto plazo. En este momento no existe ninguna forma de prevenir la desaparición del glaciar y, por lo tanto, sus efectos posteriores. No obstante, resalta que hay maneras de aminorar las secuelas.

Ante ello, Sánchez Ruiz finaliza advirtiendo que la huella antropogénica en el Citlaltépetl es un riesgo inminente para su ya amenazada conservación.

Es por ello que el académico de UPAEP refiere que la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), así como la Comisión Nacional Forestal (Conafor), deben robustecer el plan de manejo del Parque Nacional Pico de Orizaba, que fue designado como tal en 1937 y comprende una superficie de 19 mil 750 hectáreas.

Según el experto, pese a que el glaciar quede extinto, el gobierno federal debe evitar que la contaminación en la montaña incremente frente a la llegada de turismo.

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