/ jueves 2 de noviembre de 2023

Sepultureros viven experiencias paranormales día a día, por eso piden permiso al cavar una tumba

Lo más difícil es trabajar bajo el sol, por ello, la única forma que tienen para protegerse es una gorra, sudadera o sombrero.

Carmelo y Carolina, ambos de 48 años, son un matrimonio de oficio sepultureros; lo que hace 20 años comenzó como una forma de sobrevivir, hoy es un trabajo de herencia familiar, pues sus tres hijos también se dedican a la misma labor que implica desgaste físico, el riesgo de sufrir un accidente e incluso pasar por experiencias paranormales.

Entre las tumbas de los panteones en los que han dejado casi la mitad de su vida, la pareja de esposos contó a El Sol de Puebla todo lo que hay detrás de su oficio, cómo este ha ido creciendo y de qué forma se han enfrentado a diversas situaciones de riesgo.

Carmelo Pedraza Hernández y Carolina de la Rosa Díaz son vecinos de la comunidad de San Lucas Atoyatenco en el municipio de San Martín Texmelucan.

El padre de tres jóvenes de 12, 22 y 29 años, respectivamente, compartió que él comenzó siendo albañil y después sepulturero, oficio que su esposa Carolina aprendió con el fin de ayudarlo a solventar los gastos de la casa.

De esta forma ambos empezaron a realizar trabajos no solo de excavación de fosas para el sepulcro de los fallecidos, sino también elaboran capillas, realizan la limpieza y enfloran tumbas.

Carolina admitió que es un trabajo al que le costó acostumbrarse, pero con el paso del tiempo se adaptó y lo hace con mucho respeto.

Piden permiso para empezar a excavar

Por su parte, Carmelo señaló que antes de comenzar a trabajar en una tumba o en una excavación, según sus creencias religiosas, piden permiso a las ánimas de los difuntos.

Carmelo Pedraza Hernández y Carolina de la Rosa Díaz son vecinos de la comunidad de San Lucas Atoyatenco. Foto: Paulina Gómez | El Sol de Puebla


Y es que el varón de 48 años relató que han pasado por experiencias sobrenaturales como el escuchar música, a niños jugar, reírse, así como diversos ruidos y hasta pelotas o juguetes que de la nada se mueven, e incluso, han visto sombras con la figura de personas.

Aunque con los años ellos ya se acostumbraron a ese tipo de cosas, indica Carmelo, hay jóvenes que han querido incorporarse a este trabajo, pero a la primera experiencia paranormal, deciden abandonarlo.

“Hemos escuchado cómo se ríen los bebés, las pelotas se mueven, se ven sombras de mayores. La más reciente fue cuando llegué con mis trabajadores a rascar, se escuchó un silbido y como su hubieran abierto la compuerta para el paso del agua, pero ésta solo se abrió y se cerró sin que el agua pasara; uno de los muchachos que escuchó junto conmigo todo eso, jamás volvió a trabajar, le entró mucho miedo, pero uno se acostumbra, yo sigo haciéndolo, solo hay que hacerlo con respeto”, contó el entrevistado.

Riesgos de ser sepulturero

Sin embargo, más allá de estas experiencias, tanto Carmelo como Carolina recalcaron que hay muchos peligros en esta labor, pues al momento de hacer la faena para arreglar tumbas o rascar donde un cuerpo va a ser sepultado, se han encontrado con alacranes, víboras y animales peligrosos e incluso con vidrios y pedazos de lata que los pueden cortar.

Además, se han enfrentado a deslaves dentro de las excavaciones logrando salvar la vida, por lo que siempre están atentos a su trabajo, pues carecen de equipo de seguridad, ya que es una actividad que se hace de manera rústica.

Indicaron que lo más difícil es trabajar bajo el sol, por ello, la única forma que tienen para protegerse es una gorra, sudadera o sombrero. Si bien ha sido una forma de vivir durante dos décadas, se trata de una labor en la que hay temporadas altas y bajas.

Días festivos como el Día de la Madre, del Padre y los Abuelos son los más socorridos, pero no tanto como la temporada de muertos, ya que desde octubre y hasta el 2 de noviembre, se eleva la cantidad de trabajo.

Aunque obtienen sus mejores ganancias, también son de las jornadas más pesadas en las que inician muy temprano, terminan demasiado tarde y el desayuno llega hasta la noche.

“Son jornadas muy pasadas, empezamos a las 5 de la mañana y acabamos a las 8 de la noche, luego ya desayunamos hasta la noche y cuando el trabajo se junta, pues es más la presión, acabamos muy cansados, pero es lo que sabemos y nos gusta hacer, además de que ya es un trabajo de herencia familiar”, compartió Carmelo.

Y es que sus tres hijos también han aprendido el oficio, pues señala que aunque es demasiado cansado, prefieren hacer esta labor y llevar el sustento a casa de manera honrada.

Han pasado por experiencias sobrenaturales como el escuchar música, a niños jugar, reírse, así como diversos ruidos y hasta pelotas o juguetes que de la nada se mueven,. Foto: Paulina Gómez | El Sol de Puebla

SURGE COMPETENCIA DESLEAL

Por otro lado, el matrimonio reveló que en este trabajo también ha surgido la competencia desleal en la que algunas personas cobran más barato con tal de ganar el trabajo, sin embargo, ellos continúan haciendo las cosas con calidad y dedicación.

Mientras ellos pueden cobrar de 100 hasta 300 pesos, dependiendo los arreglos, el tamaño y las condiciones de la tumba, otros llegan a ofrecer sus servicios hasta por 50 ó 100 pesos menos, malbaratando el esfuerzo que se hace en cada trabajo.

Pese a ello, indican, han surgido nuevas áreas de trabajo, pues debido a que cada día la gente tiene múltiples ocupaciones o simplemente prefieren ahorrase tiempo, hoy también se ofrecen para enflorar las tumbas.

Ante temporadas bajas y para no quedarse sin el sustento del hogar, realizan trabajos de albañilería, soldadura y limpieza.

De esta forma han logrado mantener su casa y sacar adelante a sus hijos, quienes se sienten orgullos del trabajo honrado que hacen, pues incluso uno de los jóvenes gusta participar en actividades culturales y crear sus propios vestuarios o disfraces en esta época de muertos, usando material reciclable y hasta hoja de tamal.

Carmelo y Carolina, ambos de 48 años, son un matrimonio de oficio sepultureros; lo que hace 20 años comenzó como una forma de sobrevivir, hoy es un trabajo de herencia familiar, pues sus tres hijos también se dedican a la misma labor que implica desgaste físico, el riesgo de sufrir un accidente e incluso pasar por experiencias paranormales.

Entre las tumbas de los panteones en los que han dejado casi la mitad de su vida, la pareja de esposos contó a El Sol de Puebla todo lo que hay detrás de su oficio, cómo este ha ido creciendo y de qué forma se han enfrentado a diversas situaciones de riesgo.

Carmelo Pedraza Hernández y Carolina de la Rosa Díaz son vecinos de la comunidad de San Lucas Atoyatenco en el municipio de San Martín Texmelucan.

El padre de tres jóvenes de 12, 22 y 29 años, respectivamente, compartió que él comenzó siendo albañil y después sepulturero, oficio que su esposa Carolina aprendió con el fin de ayudarlo a solventar los gastos de la casa.

De esta forma ambos empezaron a realizar trabajos no solo de excavación de fosas para el sepulcro de los fallecidos, sino también elaboran capillas, realizan la limpieza y enfloran tumbas.

Carolina admitió que es un trabajo al que le costó acostumbrarse, pero con el paso del tiempo se adaptó y lo hace con mucho respeto.

Piden permiso para empezar a excavar

Por su parte, Carmelo señaló que antes de comenzar a trabajar en una tumba o en una excavación, según sus creencias religiosas, piden permiso a las ánimas de los difuntos.

Carmelo Pedraza Hernández y Carolina de la Rosa Díaz son vecinos de la comunidad de San Lucas Atoyatenco. Foto: Paulina Gómez | El Sol de Puebla


Y es que el varón de 48 años relató que han pasado por experiencias sobrenaturales como el escuchar música, a niños jugar, reírse, así como diversos ruidos y hasta pelotas o juguetes que de la nada se mueven, e incluso, han visto sombras con la figura de personas.

Aunque con los años ellos ya se acostumbraron a ese tipo de cosas, indica Carmelo, hay jóvenes que han querido incorporarse a este trabajo, pero a la primera experiencia paranormal, deciden abandonarlo.

“Hemos escuchado cómo se ríen los bebés, las pelotas se mueven, se ven sombras de mayores. La más reciente fue cuando llegué con mis trabajadores a rascar, se escuchó un silbido y como su hubieran abierto la compuerta para el paso del agua, pero ésta solo se abrió y se cerró sin que el agua pasara; uno de los muchachos que escuchó junto conmigo todo eso, jamás volvió a trabajar, le entró mucho miedo, pero uno se acostumbra, yo sigo haciéndolo, solo hay que hacerlo con respeto”, contó el entrevistado.

Riesgos de ser sepulturero

Sin embargo, más allá de estas experiencias, tanto Carmelo como Carolina recalcaron que hay muchos peligros en esta labor, pues al momento de hacer la faena para arreglar tumbas o rascar donde un cuerpo va a ser sepultado, se han encontrado con alacranes, víboras y animales peligrosos e incluso con vidrios y pedazos de lata que los pueden cortar.

Además, se han enfrentado a deslaves dentro de las excavaciones logrando salvar la vida, por lo que siempre están atentos a su trabajo, pues carecen de equipo de seguridad, ya que es una actividad que se hace de manera rústica.

Indicaron que lo más difícil es trabajar bajo el sol, por ello, la única forma que tienen para protegerse es una gorra, sudadera o sombrero. Si bien ha sido una forma de vivir durante dos décadas, se trata de una labor en la que hay temporadas altas y bajas.

Días festivos como el Día de la Madre, del Padre y los Abuelos son los más socorridos, pero no tanto como la temporada de muertos, ya que desde octubre y hasta el 2 de noviembre, se eleva la cantidad de trabajo.

Aunque obtienen sus mejores ganancias, también son de las jornadas más pesadas en las que inician muy temprano, terminan demasiado tarde y el desayuno llega hasta la noche.

“Son jornadas muy pasadas, empezamos a las 5 de la mañana y acabamos a las 8 de la noche, luego ya desayunamos hasta la noche y cuando el trabajo se junta, pues es más la presión, acabamos muy cansados, pero es lo que sabemos y nos gusta hacer, además de que ya es un trabajo de herencia familiar”, compartió Carmelo.

Y es que sus tres hijos también han aprendido el oficio, pues señala que aunque es demasiado cansado, prefieren hacer esta labor y llevar el sustento a casa de manera honrada.

Han pasado por experiencias sobrenaturales como el escuchar música, a niños jugar, reírse, así como diversos ruidos y hasta pelotas o juguetes que de la nada se mueven,. Foto: Paulina Gómez | El Sol de Puebla

SURGE COMPETENCIA DESLEAL

Por otro lado, el matrimonio reveló que en este trabajo también ha surgido la competencia desleal en la que algunas personas cobran más barato con tal de ganar el trabajo, sin embargo, ellos continúan haciendo las cosas con calidad y dedicación.

Mientras ellos pueden cobrar de 100 hasta 300 pesos, dependiendo los arreglos, el tamaño y las condiciones de la tumba, otros llegan a ofrecer sus servicios hasta por 50 ó 100 pesos menos, malbaratando el esfuerzo que se hace en cada trabajo.

Pese a ello, indican, han surgido nuevas áreas de trabajo, pues debido a que cada día la gente tiene múltiples ocupaciones o simplemente prefieren ahorrase tiempo, hoy también se ofrecen para enflorar las tumbas.

Ante temporadas bajas y para no quedarse sin el sustento del hogar, realizan trabajos de albañilería, soldadura y limpieza.

De esta forma han logrado mantener su casa y sacar adelante a sus hijos, quienes se sienten orgullos del trabajo honrado que hacen, pues incluso uno de los jóvenes gusta participar en actividades culturales y crear sus propios vestuarios o disfraces en esta época de muertos, usando material reciclable y hasta hoja de tamal.

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