/ martes 24 de septiembre de 2019

Museo memoria universitaria | TURISTEANDO CON EL BARÓN ROJO

La historia de la casona que alberga este recinto museístico, la cual se encuentra ligada a una de las leyendas de nuestra ciudad

Hola queridos lectores, como cada domingo pido permiso para adentrarme en la comodidad de sus hogares y siempre con el deseo de complacerlos con una agradable plática sobre algo de lo que tengo la seguridad será de su agrado. En esta ocasión les voy a narrar mi recorrido por otra hermosa casa reconstruida y remodelada por la BUAP.

Esta hermosa casona de estilo colonial campirano, está localizada en la avenida 3 oriente número 1006, en el histórico barrio de Analco, a unos metros del famoso Puente de Ovando. Por la década de los noventas funcionó como un restaurante; de hecho, los dueños de este negocio fueron los que adquieren la casa y la remodelan para uso comercial, años después la adquiere la BUAP y por varios años la utiliza como bodega. Es hasta el año de 2010 cuando la rectoría decide utilizarla como oficinas y al poco tiempo instala ahí su Museo de la Memoria Universitaria.


Actualmente presenta en una de sus salas todo el instrumental antiguo utilizado por la escuela de odontología -no apta para cardiacos- y en otras una exposición de 87 obras artísticas de Patricia Fabre, la cual nos muestra una increíble colección de piezas, demostrando que las figuras indefinidas también son arte; para su servidor un arte abstracto muy raro, pero que finalmente te dejan un agradable sabor de boca con sus figuras geometricoartísticas. Extraño, pero bello.

Todas las habitaciones fueron adaptadas como sitios de exposición y el patio como auditorio, todo perfectamente reconstruido, respetando en cada rincón la arquitectura original del caserón, del cual su servidor calcula que es aproximadamente del siglo XVIII, pues ya muestra al clásico patrón colonial, abandonando el estilo amorfo de las casas del siglo XVII, las cuales todavía carecían de patio colonial y distribución uniforme de las habitaciones.

Es hasta el siguiente siglo donde ya se aprecia un patrón marcadamente colonial: el patio enorme, las habitaciones alrededor, amplios pasillos techados, eso sí, el clásico error de arquitectura colonial, las habitaciones en serie, todas con la puerta a la mitad del muro, clásica firma de las casonas coloniales.


Esta mansión, según apreciación de su servidor, sería la casa del personaje del cual se habla en la clásica leyenda del barrio de Analco, El callejón del muerto, la cual según crónicas populares sucedió en el año de 1795 cuando don Anastasio Prieto, dueño de esta casa, durante la madrugada sale en busca de alguna comadrona que ayude a su esposa a dar a luz su bebé pero en esa noche tormentosa se topa con un bandolero que, en un intento por asaltarlo, desenvaina su espada, pero este ignoraba que don Anastasio era diestro con el sable y en un rápido movimiento le inserta una estocada al malandrín, el cual cae desfallecido.

Don Anastasio corre despavorido por miedo y por urgencia de encontrar la comadrona que auxilie a su esposa. A la mañana siguiente, don Anastasio se entera del fallecimiento del asaltante y ordena se le levante una cruz en aquel callejón obscuro, con sus concebidas misas. La leyenda continúa, se dice que el alma del malandrín nunca encontró descanso hasta haber sido escuchada por un sacerdote, lo cual sucedió meses después, cuando se encuentra al padre del templo del ángel custodio, desfallecido dentro de un confesionario, con un soplo de vida logra narrar que un alma en pena le exigió ser confesado y después de escuchar sus lamentos, le aplica la absolución y es en ese momento que se entera que es el alma del bandolero que había fallecido meses antes. A los pocos días el sacerdote falleció, nunca se logró recuperar de la desagradable sorpresa.

Querido lector, al menos esta es una versión de aquella leyenda la cual, como todas las leyendas, sufre las alteraciones y correcciones que el decir popular le agrega de su cosecha, pero bueno, verdad o mentira, aquí está esa hermosa casa bellamente remodelada, visita obligada en tu próximo recorrido por este histórico barrio de Analco.

Soy Jorge Eduardo Zamora Martínez, nos leemos la próxima semana.

Contacto:

  • WhatsApp: 22 14 15 85 38
  • Facebook: Eduardo Zamora Martínez

Hola queridos lectores, como cada domingo pido permiso para adentrarme en la comodidad de sus hogares y siempre con el deseo de complacerlos con una agradable plática sobre algo de lo que tengo la seguridad será de su agrado. En esta ocasión les voy a narrar mi recorrido por otra hermosa casa reconstruida y remodelada por la BUAP.

Esta hermosa casona de estilo colonial campirano, está localizada en la avenida 3 oriente número 1006, en el histórico barrio de Analco, a unos metros del famoso Puente de Ovando. Por la década de los noventas funcionó como un restaurante; de hecho, los dueños de este negocio fueron los que adquieren la casa y la remodelan para uso comercial, años después la adquiere la BUAP y por varios años la utiliza como bodega. Es hasta el año de 2010 cuando la rectoría decide utilizarla como oficinas y al poco tiempo instala ahí su Museo de la Memoria Universitaria.


Actualmente presenta en una de sus salas todo el instrumental antiguo utilizado por la escuela de odontología -no apta para cardiacos- y en otras una exposición de 87 obras artísticas de Patricia Fabre, la cual nos muestra una increíble colección de piezas, demostrando que las figuras indefinidas también son arte; para su servidor un arte abstracto muy raro, pero que finalmente te dejan un agradable sabor de boca con sus figuras geometricoartísticas. Extraño, pero bello.

Todas las habitaciones fueron adaptadas como sitios de exposición y el patio como auditorio, todo perfectamente reconstruido, respetando en cada rincón la arquitectura original del caserón, del cual su servidor calcula que es aproximadamente del siglo XVIII, pues ya muestra al clásico patrón colonial, abandonando el estilo amorfo de las casas del siglo XVII, las cuales todavía carecían de patio colonial y distribución uniforme de las habitaciones.

Es hasta el siguiente siglo donde ya se aprecia un patrón marcadamente colonial: el patio enorme, las habitaciones alrededor, amplios pasillos techados, eso sí, el clásico error de arquitectura colonial, las habitaciones en serie, todas con la puerta a la mitad del muro, clásica firma de las casonas coloniales.


Esta mansión, según apreciación de su servidor, sería la casa del personaje del cual se habla en la clásica leyenda del barrio de Analco, El callejón del muerto, la cual según crónicas populares sucedió en el año de 1795 cuando don Anastasio Prieto, dueño de esta casa, durante la madrugada sale en busca de alguna comadrona que ayude a su esposa a dar a luz su bebé pero en esa noche tormentosa se topa con un bandolero que, en un intento por asaltarlo, desenvaina su espada, pero este ignoraba que don Anastasio era diestro con el sable y en un rápido movimiento le inserta una estocada al malandrín, el cual cae desfallecido.

Don Anastasio corre despavorido por miedo y por urgencia de encontrar la comadrona que auxilie a su esposa. A la mañana siguiente, don Anastasio se entera del fallecimiento del asaltante y ordena se le levante una cruz en aquel callejón obscuro, con sus concebidas misas. La leyenda continúa, se dice que el alma del malandrín nunca encontró descanso hasta haber sido escuchada por un sacerdote, lo cual sucedió meses después, cuando se encuentra al padre del templo del ángel custodio, desfallecido dentro de un confesionario, con un soplo de vida logra narrar que un alma en pena le exigió ser confesado y después de escuchar sus lamentos, le aplica la absolución y es en ese momento que se entera que es el alma del bandolero que había fallecido meses antes. A los pocos días el sacerdote falleció, nunca se logró recuperar de la desagradable sorpresa.

Querido lector, al menos esta es una versión de aquella leyenda la cual, como todas las leyendas, sufre las alteraciones y correcciones que el decir popular le agrega de su cosecha, pero bueno, verdad o mentira, aquí está esa hermosa casa bellamente remodelada, visita obligada en tu próximo recorrido por este histórico barrio de Analco.

Soy Jorge Eduardo Zamora Martínez, nos leemos la próxima semana.

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