/ sábado 12 de junio de 2021

Cementos Atoyac, de fábrica a archivo histórico de Puebla | Los tiempos idos

Después de 30 años en La Paz, la fábrica pasó a Rancho Colorado donde las pozas formadas por las canteras sirvieron para llenar de alegría a los poblanos

La fundación de la fábrica Cementos Atoyac en 1930 tuvo un gran impacto en la industria de la transformación en Puebla, siendo aún una de las principales industrias del país. Acogió a cientos de trabajadores que se formaron en oficios que les permitieron tener un futuro próspero.

El edificio pasó de permanecer tres décadas en La Paz, a ejidos del Rancho Colorado, donde las pozas formadas por las canteras sirvieron para llenar de alegría a los poblanos que acudían a ellas a nadar en sus aguas azufradas; hoy están completamente urbanizadas y la ex fábrica es sede del Archivo Histórico Municipal de Puebla.

En 1992, Cementos Atoyac se trasladó a Tepeaca como CEMEX y actualmente es la planta más importante del grupo cementero.

LA VIDA LABORAL EN LA CEMENTERA

“Mi papá, Efraín Paz Luna, trabajó en cementos como obrero general desde que la planta estaba en Reforma y bulevar Atlixco. Yo era un niño pero él me platicaba que algunos materiales se extraían del cerro de La Paz, ahí estaba la cantera y muy cerca, la casa del director general de la cementera”, expone Gustavo Juvencio Paz Márquez, quien trabajó 22 años como eléctrico en Cementos Atoyac.

“Decía que su trabajo era muy peligroso porque no había protocolos de seguridad y tampoco les daban uniformes ni equipo de trabajo (botas, lentes, mascarillas). Sufrían mucho porque había mucho polvo de cemento, y aspirarlo, a la larga puede producir cáncer; lo que hacían era taparse con un paliacate”, añade.

La huelga del sindicato de trabajadores de Cementos Atoyac se da en 1939, el conflicto laboral paralizó a la ciudad. El suceso quedó registrado en esta instantánea que muestra a todos los huelguistas. Foto: Manuel Cosío | Facebook “lo que quieres saber de Puebla”

Precisamente por la contaminación y porque La Paz se empezó a fraccionar y la avenida Reforma a poblar, las autoridades quitaron de ahí la planta y la pasaron a lo que hoy es calle 15 de mayo y bulevar Hermanos Serdán.

Gustavo relata que ya en la planta nueva, su papá se volvió hornero y llegó a ser maestro; también le propusieron ser secretario del sindicato afiliado a la CROM y aceptó. Y así fue que en 1973, con tan solo 15 años de edad, su padre lo metió a trabajar a la cementera como ayudante de eléctrico.

“Mi papá me decía que era un vago porque a mí me gustaba mucho el futbol y yo quería ser futbolista pero él nunca lo permitió y me metió a trabajar. Y dije bueno, ya estoy aquí en la planta, voy a echarle ganas, y le agarre amor a mi trabajo”, advierte.

Panorámica de la Fábrica Cementos Atoyac en Rancho Colorado (año 1970-1980) | Foto: cortesía Gustavo Paz Márquez

Como ayudante, Gustavo entraba a trabajar a las 8 de la mañana y salía a las 4 de la tarde, pero se quedaba a estudiar los libros de un ingeniero y aprendió más. Así lo pasaron a electricista de segunda y luego de primera, dice que después ya dominaba la empresa y fue progresando hasta que llegó a ser valioso como trabajador eléctrico en la planta. Entonces ya no tenía horario porque iba a la hora que lo necesitaban, aunque ya estuviera en su casa.

“Me podía estar ahí 3 o 4 días sin salir, había regaderas y no había comedor pero comíamos en el taller mecánico, improvisábamos una mesita. Trabajaba tiempos extras no solo porque me gustaba mucho mi trabajo, aparte ganaba más dinero y así saqué mi casa y formé una familia, tengo dos hijos”, asegura.

Otro aspecto de la cementera abandonada en La Paz, año 1962 | Foto: Hemeroteca El Sol de Puebla

ACERCA DE LOS PROCESOS

Gustavo explica que para hacer cemento hay que moler yeso, caliza y arcilla en un molino de crudo, después se muele en molinos grandes para llevarse a los silos. Luego pasa al horno, donde se calcina y se hacen bolitas, a lo que se le llama clínker.

“El clínker es el material principal para hacer cemento gris, se hacía en un horno cilíndrico de 100 metros que tenía un giro lento y por medio de un quemador se calculaba la harina cruda para producirlo. Si no se cuece bien, sale crudo y no sirve, por eso debían ser buenos horneros. En ese tiempo mi papá lo hacía a pura vista, con careta veía el material por una mirilla y calculaba que estaba bien. Era muy difícil, ahora ya se hace por computadoras y ya no son horneros, son operadores”, señala.

En 1970 las protestas de los vecinos de las colonias cercanas a la cementera se multiplicaron debido a que los filtros trabajaban deficientemente, envenenando el aire y ocasionando otros perjuicios más | Foto: Hemeroteca El Sol de Puebla

Recuerda que cuando él entró a la planta, aún no se les daba a los trabajadores ni uniformes ni equipo de trabajo, solo un casco. Trabajaban con la ropa que tenían y lo mismo los zapatos, recuerda que había quien llevaba tenis y a algunos se les deshacían porque había lugares muy calientes; pasaron 4 años para dárselos.

“Era duro no tener el equipo adecuado, mi papá se preocupaba por mí porque yo tenía que estar por toda la fábrica. En el área del horno había una temperatura de mil grados y el material salía al rojo vivo; algunos compañeros mecánicos tenían que subir al techo del enfriador que era un área calientísima, si llevaban tenis se les deshacía la suela”, asegura.

Dice que las detonaciones que se hacían para extraer la caliza, que es una piedra dura y solamente con explosivos se puede fragmentar, para después obtener este material que es básico para hacer cemento.

Así lucían los campos en los alrededores en la década de los setenta, al fondo se aprecia la cementera. Foto: Bibiana Díaz | El Sol de Puebla

“Con las detonaciones se hacían unas pozas (hoyos) y nacía el agua, que se filtraba del subsuelo y era azufrada, la gente iba a nadar pero si era peligroso”, asegura.

UN BALNEARIO NATURAL

“Yo tendría 5 o 6 años cuando nos llevaban a los hoyos a nadar, era nuestra playita, hasta había un pequeño oleaje, quizá por el viento. Nos íbamos caminando, hacíamos como 15 minutos de la casa de mi abuela donde vivíamos. Teníamos permiso de ir solos a los hoyos donde no había agua, pero cuando íbamos a donde nadábamos (Tec Milenio), nos acompañaba una tía”, dice Rosa Díaz quien disfrutaba ir a nada con su hermana y sus primos.

“Dónde está la vía del tren está Auto Convoy y justo ahí había una posita donde nacía el agua, era como una especie de resbaladilla natural y la gente se aventaba”, detalla.

En 2014 los silos de la cementera se convirtieron en Archivo Municipal de Puebla. Foto: Bibiana Díaz | El Sol de Puebla

Recuerda que antes no había tantas casas, había mucho campo y todo lo caminaban porque no había transporte. Ya existía San Felipe, San Jerónimo Calera y estaba en creación José María Pino Suárez.

“En ese entonces éramos libres y jugábamos por todos lados, pero cuando llegaban los húngaros no nos dejaban asomarnos, nos decían que se robaban a los niños, se instalaban con sus carros y casas de campaña a donde ahora está el Cetis 104 y ahí se quedaban un tiempo”, advierte.

“Los húngaros son de esos que te leen la suerte, llegaban en caravanas con toda la familia pero si te descuidabas se volaban ropa o lo que fuera, luego venían a pedirnos agua, pero no los dejábamos entrar”, expone Bonifacio Díaz, tío de Rosa, quien relata que en esa época toda la gente se conocía y cuando no había que hacer, se iban a nadar.

Así lucen los silos de la cementera actualmente como Archivo Municipal de Puebla | Foto: Libro 4 Épocas 85 Lugares para visitar en Puebla editado por el H. Ayuntamiento

Juan Fernández Cabrera recuerda que antes de la cementera era el Rancho Colorado y él iba a nadar con sus amigos cuando tenía 15 años pero también fue de casado, con su familia.

“El agua era azufrada y tibiecita, se veía como nacía porque había burbujitas, si te sentabas sentías un chorro de cosquillitas. El agua tenía corriente porque siempre estaba limpia y transparente. Los hoyos eran bajitos, no lo tapaba a uno”, asegura Juan, quien dice que iba con sus amigos cada 8 días y se llevaban sus tortas.

DETONACIONES Y MATERIALES

“Ingresé a la planta en 1969 y había un ambiente cordial de compañerismo, aunque había recelo porque ventas era el departamento consentido, pero eso era una peccata minuta”, asegura Rafael Puente Castro, quien fue jefe de compras de la Cementera Atoyac por 18 años.

Aspecto del interior en el Archivo Municipal de Puebla. Foto: Libro 4 Épocas 85 Lugares para visitar en Puebla editado por el H. Ayuntamiento

“Para explotar las canteras se compraban explosivos con permiso de la 25 zona militar (dinamita con sus accesorios). Se hacían unos hoyos tremendos que formaban pozas de agua azufrosas. Hubo varios niños que se ahogaron, los traviesos que se iban de pinta a nadar ahí, entonces cementos empezó a cercar para que no se metieran. Las pozas de agua estaban a las orillas, ahora está todo urbanizado, hay una universidad (Tec Milenio), un fraccionamiento (Antigua Cementera), un campo de béisbol, todo eso era las canteras de cementos”, detalla.

Comenta que la tierra de yeso para hacer el cemento se compraba en Izúcar de Matamoros y otros agregados como arena silica venía de Tehuacán y Chazumba Oaxaca, y también se compraba un agregado de escoria de fierro.

Así luce horno actualmente al interior de los silos. Foto: Erika Reyes | El Sol de Puebla

“El ingeniero Florisel Paredes, que era una eminencia, descubrió que agregándole fierro al cemento se le daba mayor resistencia. Él se dio cuenta que Hylsa estaba tirando la escoria de fierro, la ocupaba para rellenar el río Atoyac para que no se desbordara, entonces hablé con José Espino”, advierte.

“Primero nos la regalaron porque les quitábamos la basura, pero ya después se la compramos, hacíamos pedidos de mil toneladas de escoria de fierro pero después empezó a escasear porque otras cementeras empezaron a hacer lo mismo”, añade.

Dice que a pesar de que la cementera estaba a las orillas de la ciudad, los vecinos de Villa Posada se empezaron a quejar de que les llegaba el polvo y también afectaba otras zonas como a la agencia de autos Puebla Automotriz, a donde llegaban cenizas del cemento y arruinaba la pintura de los coches.

Tolvas al interior del silo que aún se conservan. Foto: Erika Reyes | El Sol de Puebla

LO QUE DICE LA HISTORIA

De acuerdo con el trabajo de investigación de la maestra Elizabeth Popocatl Peña acerca de la Cementera Atoyac, disponible para su consulta en el Archivo General Municipal de Puebla, la fábrica de Cementos Atoyac, S.A. de C.V. se funda el 12 de diciembre de 1930 en el predio ubicado en avenida Reforma Sur y bulevar Atlixco en la colonia La Paz (donde hoy se encuentra Suburbia y Walmart), teniendo como accionistas a Fermin Besnier, Cónsul de Francia y William O. Jenkins.

Refiere que debido a sus características morfológicas y su amplia extensión, la nueva ubicación de la cementera fueron predios ejidales de Rancho Colorado, ésta destacaba por sus vías de comunicación a través del ferrocarril y por el tipo de suelo, lo que permitió contar con la materia prima a partir de su extracción. La construcción de la nueva fábrica se promovió a partir del día 9 de noviembre de 1959 y se inauguró en 1960.

La protesta de los vecinos de las colonias cercanas que acusan que el aire está contaminado y otros perjuicios causados por el polvo del cemento, se intensifican para 1970. En 1992 se trasladó a Tepeaca como CEMEX.

El 21 de enero de 2014 se inauguran las nuevas instalaciones del Archivo General Municipal de Puebla, en la ex fábrica Cementos Atoyac, que alberga parte de archivo histórico y el de concentración de la ciudad.

Aspecto actual del complejo comercial donde se ubicó la cementera de 1930 a 1960. Foto: Bibiana Díaz | El Sol de Puebla

La fundación de la fábrica Cementos Atoyac en 1930 tuvo un gran impacto en la industria de la transformación en Puebla, siendo aún una de las principales industrias del país. Acogió a cientos de trabajadores que se formaron en oficios que les permitieron tener un futuro próspero.

El edificio pasó de permanecer tres décadas en La Paz, a ejidos del Rancho Colorado, donde las pozas formadas por las canteras sirvieron para llenar de alegría a los poblanos que acudían a ellas a nadar en sus aguas azufradas; hoy están completamente urbanizadas y la ex fábrica es sede del Archivo Histórico Municipal de Puebla.

En 1992, Cementos Atoyac se trasladó a Tepeaca como CEMEX y actualmente es la planta más importante del grupo cementero.

LA VIDA LABORAL EN LA CEMENTERA

“Mi papá, Efraín Paz Luna, trabajó en cementos como obrero general desde que la planta estaba en Reforma y bulevar Atlixco. Yo era un niño pero él me platicaba que algunos materiales se extraían del cerro de La Paz, ahí estaba la cantera y muy cerca, la casa del director general de la cementera”, expone Gustavo Juvencio Paz Márquez, quien trabajó 22 años como eléctrico en Cementos Atoyac.

“Decía que su trabajo era muy peligroso porque no había protocolos de seguridad y tampoco les daban uniformes ni equipo de trabajo (botas, lentes, mascarillas). Sufrían mucho porque había mucho polvo de cemento, y aspirarlo, a la larga puede producir cáncer; lo que hacían era taparse con un paliacate”, añade.

La huelga del sindicato de trabajadores de Cementos Atoyac se da en 1939, el conflicto laboral paralizó a la ciudad. El suceso quedó registrado en esta instantánea que muestra a todos los huelguistas. Foto: Manuel Cosío | Facebook “lo que quieres saber de Puebla”

Precisamente por la contaminación y porque La Paz se empezó a fraccionar y la avenida Reforma a poblar, las autoridades quitaron de ahí la planta y la pasaron a lo que hoy es calle 15 de mayo y bulevar Hermanos Serdán.

Gustavo relata que ya en la planta nueva, su papá se volvió hornero y llegó a ser maestro; también le propusieron ser secretario del sindicato afiliado a la CROM y aceptó. Y así fue que en 1973, con tan solo 15 años de edad, su padre lo metió a trabajar a la cementera como ayudante de eléctrico.

“Mi papá me decía que era un vago porque a mí me gustaba mucho el futbol y yo quería ser futbolista pero él nunca lo permitió y me metió a trabajar. Y dije bueno, ya estoy aquí en la planta, voy a echarle ganas, y le agarre amor a mi trabajo”, advierte.

Panorámica de la Fábrica Cementos Atoyac en Rancho Colorado (año 1970-1980) | Foto: cortesía Gustavo Paz Márquez

Como ayudante, Gustavo entraba a trabajar a las 8 de la mañana y salía a las 4 de la tarde, pero se quedaba a estudiar los libros de un ingeniero y aprendió más. Así lo pasaron a electricista de segunda y luego de primera, dice que después ya dominaba la empresa y fue progresando hasta que llegó a ser valioso como trabajador eléctrico en la planta. Entonces ya no tenía horario porque iba a la hora que lo necesitaban, aunque ya estuviera en su casa.

“Me podía estar ahí 3 o 4 días sin salir, había regaderas y no había comedor pero comíamos en el taller mecánico, improvisábamos una mesita. Trabajaba tiempos extras no solo porque me gustaba mucho mi trabajo, aparte ganaba más dinero y así saqué mi casa y formé una familia, tengo dos hijos”, asegura.

Otro aspecto de la cementera abandonada en La Paz, año 1962 | Foto: Hemeroteca El Sol de Puebla

ACERCA DE LOS PROCESOS

Gustavo explica que para hacer cemento hay que moler yeso, caliza y arcilla en un molino de crudo, después se muele en molinos grandes para llevarse a los silos. Luego pasa al horno, donde se calcina y se hacen bolitas, a lo que se le llama clínker.

“El clínker es el material principal para hacer cemento gris, se hacía en un horno cilíndrico de 100 metros que tenía un giro lento y por medio de un quemador se calculaba la harina cruda para producirlo. Si no se cuece bien, sale crudo y no sirve, por eso debían ser buenos horneros. En ese tiempo mi papá lo hacía a pura vista, con careta veía el material por una mirilla y calculaba que estaba bien. Era muy difícil, ahora ya se hace por computadoras y ya no son horneros, son operadores”, señala.

En 1970 las protestas de los vecinos de las colonias cercanas a la cementera se multiplicaron debido a que los filtros trabajaban deficientemente, envenenando el aire y ocasionando otros perjuicios más | Foto: Hemeroteca El Sol de Puebla

Recuerda que cuando él entró a la planta, aún no se les daba a los trabajadores ni uniformes ni equipo de trabajo, solo un casco. Trabajaban con la ropa que tenían y lo mismo los zapatos, recuerda que había quien llevaba tenis y a algunos se les deshacían porque había lugares muy calientes; pasaron 4 años para dárselos.

“Era duro no tener el equipo adecuado, mi papá se preocupaba por mí porque yo tenía que estar por toda la fábrica. En el área del horno había una temperatura de mil grados y el material salía al rojo vivo; algunos compañeros mecánicos tenían que subir al techo del enfriador que era un área calientísima, si llevaban tenis se les deshacía la suela”, asegura.

Dice que las detonaciones que se hacían para extraer la caliza, que es una piedra dura y solamente con explosivos se puede fragmentar, para después obtener este material que es básico para hacer cemento.

Así lucían los campos en los alrededores en la década de los setenta, al fondo se aprecia la cementera. Foto: Bibiana Díaz | El Sol de Puebla

“Con las detonaciones se hacían unas pozas (hoyos) y nacía el agua, que se filtraba del subsuelo y era azufrada, la gente iba a nadar pero si era peligroso”, asegura.

UN BALNEARIO NATURAL

“Yo tendría 5 o 6 años cuando nos llevaban a los hoyos a nadar, era nuestra playita, hasta había un pequeño oleaje, quizá por el viento. Nos íbamos caminando, hacíamos como 15 minutos de la casa de mi abuela donde vivíamos. Teníamos permiso de ir solos a los hoyos donde no había agua, pero cuando íbamos a donde nadábamos (Tec Milenio), nos acompañaba una tía”, dice Rosa Díaz quien disfrutaba ir a nada con su hermana y sus primos.

“Dónde está la vía del tren está Auto Convoy y justo ahí había una posita donde nacía el agua, era como una especie de resbaladilla natural y la gente se aventaba”, detalla.

En 2014 los silos de la cementera se convirtieron en Archivo Municipal de Puebla. Foto: Bibiana Díaz | El Sol de Puebla

Recuerda que antes no había tantas casas, había mucho campo y todo lo caminaban porque no había transporte. Ya existía San Felipe, San Jerónimo Calera y estaba en creación José María Pino Suárez.

“En ese entonces éramos libres y jugábamos por todos lados, pero cuando llegaban los húngaros no nos dejaban asomarnos, nos decían que se robaban a los niños, se instalaban con sus carros y casas de campaña a donde ahora está el Cetis 104 y ahí se quedaban un tiempo”, advierte.

“Los húngaros son de esos que te leen la suerte, llegaban en caravanas con toda la familia pero si te descuidabas se volaban ropa o lo que fuera, luego venían a pedirnos agua, pero no los dejábamos entrar”, expone Bonifacio Díaz, tío de Rosa, quien relata que en esa época toda la gente se conocía y cuando no había que hacer, se iban a nadar.

Así lucen los silos de la cementera actualmente como Archivo Municipal de Puebla | Foto: Libro 4 Épocas 85 Lugares para visitar en Puebla editado por el H. Ayuntamiento

Juan Fernández Cabrera recuerda que antes de la cementera era el Rancho Colorado y él iba a nadar con sus amigos cuando tenía 15 años pero también fue de casado, con su familia.

“El agua era azufrada y tibiecita, se veía como nacía porque había burbujitas, si te sentabas sentías un chorro de cosquillitas. El agua tenía corriente porque siempre estaba limpia y transparente. Los hoyos eran bajitos, no lo tapaba a uno”, asegura Juan, quien dice que iba con sus amigos cada 8 días y se llevaban sus tortas.

DETONACIONES Y MATERIALES

“Ingresé a la planta en 1969 y había un ambiente cordial de compañerismo, aunque había recelo porque ventas era el departamento consentido, pero eso era una peccata minuta”, asegura Rafael Puente Castro, quien fue jefe de compras de la Cementera Atoyac por 18 años.

Aspecto del interior en el Archivo Municipal de Puebla. Foto: Libro 4 Épocas 85 Lugares para visitar en Puebla editado por el H. Ayuntamiento

“Para explotar las canteras se compraban explosivos con permiso de la 25 zona militar (dinamita con sus accesorios). Se hacían unos hoyos tremendos que formaban pozas de agua azufrosas. Hubo varios niños que se ahogaron, los traviesos que se iban de pinta a nadar ahí, entonces cementos empezó a cercar para que no se metieran. Las pozas de agua estaban a las orillas, ahora está todo urbanizado, hay una universidad (Tec Milenio), un fraccionamiento (Antigua Cementera), un campo de béisbol, todo eso era las canteras de cementos”, detalla.

Comenta que la tierra de yeso para hacer el cemento se compraba en Izúcar de Matamoros y otros agregados como arena silica venía de Tehuacán y Chazumba Oaxaca, y también se compraba un agregado de escoria de fierro.

Así luce horno actualmente al interior de los silos. Foto: Erika Reyes | El Sol de Puebla

“El ingeniero Florisel Paredes, que era una eminencia, descubrió que agregándole fierro al cemento se le daba mayor resistencia. Él se dio cuenta que Hylsa estaba tirando la escoria de fierro, la ocupaba para rellenar el río Atoyac para que no se desbordara, entonces hablé con José Espino”, advierte.

“Primero nos la regalaron porque les quitábamos la basura, pero ya después se la compramos, hacíamos pedidos de mil toneladas de escoria de fierro pero después empezó a escasear porque otras cementeras empezaron a hacer lo mismo”, añade.

Dice que a pesar de que la cementera estaba a las orillas de la ciudad, los vecinos de Villa Posada se empezaron a quejar de que les llegaba el polvo y también afectaba otras zonas como a la agencia de autos Puebla Automotriz, a donde llegaban cenizas del cemento y arruinaba la pintura de los coches.

Tolvas al interior del silo que aún se conservan. Foto: Erika Reyes | El Sol de Puebla

LO QUE DICE LA HISTORIA

De acuerdo con el trabajo de investigación de la maestra Elizabeth Popocatl Peña acerca de la Cementera Atoyac, disponible para su consulta en el Archivo General Municipal de Puebla, la fábrica de Cementos Atoyac, S.A. de C.V. se funda el 12 de diciembre de 1930 en el predio ubicado en avenida Reforma Sur y bulevar Atlixco en la colonia La Paz (donde hoy se encuentra Suburbia y Walmart), teniendo como accionistas a Fermin Besnier, Cónsul de Francia y William O. Jenkins.

Refiere que debido a sus características morfológicas y su amplia extensión, la nueva ubicación de la cementera fueron predios ejidales de Rancho Colorado, ésta destacaba por sus vías de comunicación a través del ferrocarril y por el tipo de suelo, lo que permitió contar con la materia prima a partir de su extracción. La construcción de la nueva fábrica se promovió a partir del día 9 de noviembre de 1959 y se inauguró en 1960.

La protesta de los vecinos de las colonias cercanas que acusan que el aire está contaminado y otros perjuicios causados por el polvo del cemento, se intensifican para 1970. En 1992 se trasladó a Tepeaca como CEMEX.

El 21 de enero de 2014 se inauguran las nuevas instalaciones del Archivo General Municipal de Puebla, en la ex fábrica Cementos Atoyac, que alberga parte de archivo histórico y el de concentración de la ciudad.

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