/ lunes 9 de agosto de 2021

Mujeres indígenas de Puebla luchan por respeto y dignidad

Enfrentan falta de servicios de salud, educación y apoyo para la difusión de su trabajo, además de que sus derechos siguen siendo vulnerados

Los pueblos indígenas son una pieza fundamental del mosaico de tradiciones y costumbres que contribuyen a la cultura mexicana, por ello cada 9 de agosto se conmemora el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, no obstante, aún se tiene una larga deuda con uno de los sectores más desprotegidos de su sociedad: las mujeres indígenas.

Martha Bautista y Susana Zacamitzin son artesanas que han crecido entre la palma y el bordado, distribuyen las 24 horas del día entre el tejido y los quehaceres del hogar; desde pequeñas, sus manos han estado en contacto con los textiles y la palma y con el paso del tiempo han enseñado a mujeres de su comunidad a trabajar con estos elementos e innovar en su elaboración.

Aunque viven en comunidades separadas por al menos 200 kilómetros de distancia, se enfrentan a las mismas limitantes: falta de servicios de salud, educación y apoyos para la difusión de su trabajo. Sus derechos siguen siendo vulnerados, y las políticas públicas continúan rezagando sus necesidades, que las obligan a enfrentarse a la desigualdad social.

De acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2020, en Puebla las mujeres de 3 años de edad y más que se autodescriben indígenas asciende a 1 millones 78 mil 130 personas, es decir el 33.31 por ciento del total de las féminas de este grupo de edad, mientras que del total de la población el 33.22 por ciento se define como autóctono.

FALTA DE SERVICIOS DE SALUD Y BRECHA EN CONDICIONES DE TRABJO

Aunque la pandemia de Covid-19 afectó de manera negativa la labor de las artesanas, las mujeres indígenas coincidieron que en materia de salud y apoyos económicos la situación no cambió demasiado, pues desde tiempo atrás sus comunidades se han visto excluidas en estos temas. No todo es negativo, pues destacaron que con el paso del tiempo la idea de la mujer en el hogar se ha ido diluyendo.

Susana tiene 63 años es originaria de Huatlatlauca y desde los seis años se ha encargado de combinar el tejido con el quehacer diario y atención familiar, pues reconoce que “como dictan las costumbres, mi labor era atender y ayudar a la familia”. A su corta edad, aprendió a trabajar la palma para elaborar bolsas, portarretratos, carteras y canastos, para venderlos en la capital poblana, ya que es ahí donde más adquieren este producto.

Ella ha buscado ir más allá de las creencias y se desempeña como gestora comunitaria, pues además de enseñar a las mujeres indígenas de su entorno la siembra y el tejido, también es promotora de la mujer fuera de casa. “platicamos con mujeres de diferentes comunidades, les contamos cuáles son nuestros derechos. Dicen que nosotras debemos estar en la casa, pero no, también podemos salir a trabajar para ganar nuestro dinero, superarnos y vender nuestro producto”, relata.

La voz entre cortada de doña Susi ponen en evidencia su tristeza cuando habla sobre las carencias a las que se enfrentan en el municipio, sustentadas bajo el “aquí no nos voltean a ver”. Contó que hace más de cinco años no cuentan con personal médico, incluso han carecido de medicamentos y un centro de salud básico lo que deja en evidencia que los pueblos indígenas de Puebla son más vulnerables ante la pandemia de Covid-19

“Aquí no podemos enfermarnos y menos ahora con la pandemia, no contamos con un hospital, solo un pequeño centro médico con pasantes de medicina, desde antes (del covid-19) no había medicamentos, ni nada para atendernos, tenemos que trasladarnos a otros municipios, pero tampoco hay dinero para hacerlo”.

En el ámbito laboral, señaló que en lo que va de esta administración los apoyos han sido limitados, al mismo tiempo, recordó que en gobiernos pasados recibían capacitaciones, lo que ahora no sucede. “Antes nos mandaban a maestros que nos enseñaban a hacer acabados con máquina, así podíamos agregar detalles nuevos a nuestros productos, pero con esta administración no hemos recibido ningún apoyo, nos dicen que es por la pandemia, pero desde antes no había nada para nosotras”.

En el municipio de Cuetzalan, Martha Bautista también contó su labor dentro de la comunidad, en donde mujeres artesanas de todas las edades se dedican a la confección de textiles con el telar de cintura, un instrumento que permite desarrollar su creatividad y plasmar en una variedad de telas. Un ingreso inestable, pero que permite sobrevivir a la gente y conservar la tradición.

Al igual que Susana, Martha destacó la carencia en servicios de salud, misma que se agudizó desde el año pasado debido a la crisis sanitaria, “El servicio es pésimo, no hay medicamentos, ni doctores para atender enfermedades graves, los mandan a Puebla, pero no hay dinero para trasladarnos”.

Asimismo, calificó como “insuficiente” la falta de apoyos para promocionar y vender su trabajo, destacó que con la pandemia las ferias y otros eventos que les permitían dar difusión a sus productos se han cancelado por lo que tienen que buscar “clandestinamente” espacios para comercializar y poder sobrevivir.

Martha no se desanima y en este “obligado receso” se dedica a crear nuevos diseños en el telar, junto con más mujeres de su comunidad para que, en un futuro inmediato puedan comercializarlo, “nosotras no paramos, aunque ya no salimos a vender como antes, seguimos experimentado con nuevas telas para ofrecer productos de buena calidad”.

Destacó que antes las mujeres indígenas estaban sometidas a los hombres y los hijos, pero aseguró que actualmente las mujeres se defienden más y trabajan por y para ellas.

POLÍTICAS PÚBLICAS REALES Y ASOCIACIONES DE APOYO, LOS AGENTES DE CAMBIO

De acuerdo con el economista y académico del Tecnológico de Monterrey, Alfredo García destacó que el rezago al que se enfrentan los pueblos indígenas y en específico las mujeres de este sector, se debe a que históricamente los espacios de poder están en manos de varones, mismos que han mantenido una lógica de desequilibrio por razón de género.

“Ser mujer, indígena y pobre, son algunos de los diferentes tipos de exclusiones que generan una profundización de la condición de la subordinación de las mujeres, esto se mantiene en una lógica de continuidad a través de los siglos que actualmente sigue ocurriendo, aunque hay cambios, se ha mantenido esta lógica de des equilibrio, empezando por la razón de género”.

En este sentido refirió que las limitantes económicas desbocan en un proceso más lento de emancipación en áreas sociales y políticas, “en el caso de las mujeres indígenas tienen engarzadas varios tipos de situaciones que los llevan a una realidad de opresión muy marcada”.

Destacó que uno de los posibles agentes de cambio son las asociaciones generadas por la propia población y redes de apoyo que buscan visibilizaras y empoderarlas para hacer frente a situaciones de desigualdad.

“En materia de políticas públicas en sentido social debería de existir una prioridad hacia los sectores más precarizados, aunque es el objetivo normativo, no se trabaja bajo ese enfoque; también que se busque el fortalecimiento de las instancias ciudadanas que están colaborando en esa mima línea”.

RADIOGRAFÍA MUNICIPAL DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS

Aunque existen diferentes criterios para considerar quienes son personas indígenas, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) dispone sólo la condición de habla indígena, que la define como “Distinción de la población de 3 y más años de edad según declare hablar o no alguna lengua indígena”.

De acuerdo con el Instituto Poblano de los Pueblos Indígenas, Puebla alberga siete etnias, entre las que destacan: nahuas en la Sierra Negra, siendo el municipio de Eloxichitlán con mayor concentración de hablantes; los totonaca en la Sierra Norte y Región Nororiental, en el municipio de Huehuetla; popoloca, dentro de la geografía poblana, se ubica principalmente en Santiago Miahutlán; mazatecos se encuentran ubicados en San Sebastián Tlacotepec y mixtecos se localizan en Chigmecatitlán, entre otras demarcaciones.

Los pueblos indígenas son una pieza fundamental del mosaico de tradiciones y costumbres que contribuyen a la cultura mexicana, por ello cada 9 de agosto se conmemora el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, no obstante, aún se tiene una larga deuda con uno de los sectores más desprotegidos de su sociedad: las mujeres indígenas.

Martha Bautista y Susana Zacamitzin son artesanas que han crecido entre la palma y el bordado, distribuyen las 24 horas del día entre el tejido y los quehaceres del hogar; desde pequeñas, sus manos han estado en contacto con los textiles y la palma y con el paso del tiempo han enseñado a mujeres de su comunidad a trabajar con estos elementos e innovar en su elaboración.

Aunque viven en comunidades separadas por al menos 200 kilómetros de distancia, se enfrentan a las mismas limitantes: falta de servicios de salud, educación y apoyos para la difusión de su trabajo. Sus derechos siguen siendo vulnerados, y las políticas públicas continúan rezagando sus necesidades, que las obligan a enfrentarse a la desigualdad social.

De acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2020, en Puebla las mujeres de 3 años de edad y más que se autodescriben indígenas asciende a 1 millones 78 mil 130 personas, es decir el 33.31 por ciento del total de las féminas de este grupo de edad, mientras que del total de la población el 33.22 por ciento se define como autóctono.

FALTA DE SERVICIOS DE SALUD Y BRECHA EN CONDICIONES DE TRABJO

Aunque la pandemia de Covid-19 afectó de manera negativa la labor de las artesanas, las mujeres indígenas coincidieron que en materia de salud y apoyos económicos la situación no cambió demasiado, pues desde tiempo atrás sus comunidades se han visto excluidas en estos temas. No todo es negativo, pues destacaron que con el paso del tiempo la idea de la mujer en el hogar se ha ido diluyendo.

Susana tiene 63 años es originaria de Huatlatlauca y desde los seis años se ha encargado de combinar el tejido con el quehacer diario y atención familiar, pues reconoce que “como dictan las costumbres, mi labor era atender y ayudar a la familia”. A su corta edad, aprendió a trabajar la palma para elaborar bolsas, portarretratos, carteras y canastos, para venderlos en la capital poblana, ya que es ahí donde más adquieren este producto.

Ella ha buscado ir más allá de las creencias y se desempeña como gestora comunitaria, pues además de enseñar a las mujeres indígenas de su entorno la siembra y el tejido, también es promotora de la mujer fuera de casa. “platicamos con mujeres de diferentes comunidades, les contamos cuáles son nuestros derechos. Dicen que nosotras debemos estar en la casa, pero no, también podemos salir a trabajar para ganar nuestro dinero, superarnos y vender nuestro producto”, relata.

La voz entre cortada de doña Susi ponen en evidencia su tristeza cuando habla sobre las carencias a las que se enfrentan en el municipio, sustentadas bajo el “aquí no nos voltean a ver”. Contó que hace más de cinco años no cuentan con personal médico, incluso han carecido de medicamentos y un centro de salud básico lo que deja en evidencia que los pueblos indígenas de Puebla son más vulnerables ante la pandemia de Covid-19

“Aquí no podemos enfermarnos y menos ahora con la pandemia, no contamos con un hospital, solo un pequeño centro médico con pasantes de medicina, desde antes (del covid-19) no había medicamentos, ni nada para atendernos, tenemos que trasladarnos a otros municipios, pero tampoco hay dinero para hacerlo”.

En el ámbito laboral, señaló que en lo que va de esta administración los apoyos han sido limitados, al mismo tiempo, recordó que en gobiernos pasados recibían capacitaciones, lo que ahora no sucede. “Antes nos mandaban a maestros que nos enseñaban a hacer acabados con máquina, así podíamos agregar detalles nuevos a nuestros productos, pero con esta administración no hemos recibido ningún apoyo, nos dicen que es por la pandemia, pero desde antes no había nada para nosotras”.

En el municipio de Cuetzalan, Martha Bautista también contó su labor dentro de la comunidad, en donde mujeres artesanas de todas las edades se dedican a la confección de textiles con el telar de cintura, un instrumento que permite desarrollar su creatividad y plasmar en una variedad de telas. Un ingreso inestable, pero que permite sobrevivir a la gente y conservar la tradición.

Al igual que Susana, Martha destacó la carencia en servicios de salud, misma que se agudizó desde el año pasado debido a la crisis sanitaria, “El servicio es pésimo, no hay medicamentos, ni doctores para atender enfermedades graves, los mandan a Puebla, pero no hay dinero para trasladarnos”.

Asimismo, calificó como “insuficiente” la falta de apoyos para promocionar y vender su trabajo, destacó que con la pandemia las ferias y otros eventos que les permitían dar difusión a sus productos se han cancelado por lo que tienen que buscar “clandestinamente” espacios para comercializar y poder sobrevivir.

Martha no se desanima y en este “obligado receso” se dedica a crear nuevos diseños en el telar, junto con más mujeres de su comunidad para que, en un futuro inmediato puedan comercializarlo, “nosotras no paramos, aunque ya no salimos a vender como antes, seguimos experimentado con nuevas telas para ofrecer productos de buena calidad”.

Destacó que antes las mujeres indígenas estaban sometidas a los hombres y los hijos, pero aseguró que actualmente las mujeres se defienden más y trabajan por y para ellas.

POLÍTICAS PÚBLICAS REALES Y ASOCIACIONES DE APOYO, LOS AGENTES DE CAMBIO

De acuerdo con el economista y académico del Tecnológico de Monterrey, Alfredo García destacó que el rezago al que se enfrentan los pueblos indígenas y en específico las mujeres de este sector, se debe a que históricamente los espacios de poder están en manos de varones, mismos que han mantenido una lógica de desequilibrio por razón de género.

“Ser mujer, indígena y pobre, son algunos de los diferentes tipos de exclusiones que generan una profundización de la condición de la subordinación de las mujeres, esto se mantiene en una lógica de continuidad a través de los siglos que actualmente sigue ocurriendo, aunque hay cambios, se ha mantenido esta lógica de des equilibrio, empezando por la razón de género”.

En este sentido refirió que las limitantes económicas desbocan en un proceso más lento de emancipación en áreas sociales y políticas, “en el caso de las mujeres indígenas tienen engarzadas varios tipos de situaciones que los llevan a una realidad de opresión muy marcada”.

Destacó que uno de los posibles agentes de cambio son las asociaciones generadas por la propia población y redes de apoyo que buscan visibilizaras y empoderarlas para hacer frente a situaciones de desigualdad.

“En materia de políticas públicas en sentido social debería de existir una prioridad hacia los sectores más precarizados, aunque es el objetivo normativo, no se trabaja bajo ese enfoque; también que se busque el fortalecimiento de las instancias ciudadanas que están colaborando en esa mima línea”.

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