/ jueves 28 de marzo de 2019

La educación de la danza tradicional

Referirse a la educación de la danza tradicional significa, antes que nada, examinar la característica de la estructura de la enseñanza de la danza en nuestro país. Para ello se requiere establecer previamente cuáles son los géneros, tipos o modalidades de danza que se practican de manera viva y fehaciente.

En seguida, resulta obligatorio descubrir los parámetros en que la enseñanza de cada género se lleva a cabo. En México, la danza es y ha sido un arte profundamente frecuentado. Desde la época prehispánica fue utilizada como medio de respetuosa comunicación con los dioses y como un medio para adorar a las fuerzas que simbolizaban los fenómenos de la naturaleza.

Los cronistas de la conquista española describen profusamente a sus deidades y sus diversas tradiciones de culto, por los creadores de los mismos. En ellas, la danza ocupaba un lugar primordial y alcanzaba dimensiones colectivas y monumentales. Pero ésta no es la única fuente que señala la importancia del arte dancístico de las civilizaciones y cultura que se desarrollaron en el territorio nacional.

A saber, las observaciones y el análisis de los objetivos que nos legaron dichas culturas. En efecto, existen en la actualidad un enorme cúmulo de objetos de piedra, barro y otros materiales en los que se halla representada la actividad artística.

Asimismo, las pinturas murales, los códices y otras formas de superficies pintadas indican con claridad la injerencia de la danza en la vida de las comunidades de aquel tiempo.

Otra vía a la que hoy podemos acudir para hacer deducciones en torno al fenómeno de la danza son precisamente las prácticas dancísticas que en la actualidad aún realizan los grupos indígenas de México.

En sus danzas podemos descubrir gran parte de las características de las prácticas antiguas ya que muchos de sus elementos provienen de la época prehispánica.

Diseños, coreográficos, secuencias, pasos, ritmos, actitudes, vestimentas: resulta notable la originalidad que perdura en muchos de estos elementos. Desgraciadamente, no se han realizado investigaciones organizadas y sistematizadas que permitan deslindar cuáles son los elementos originales y adquiridos y cómo estos últimos se fueron agregando y transformando.

No obstante sus raíces religiosas, las danzas de los habitantes prehispánicos de nuestro territorio no eran exclusivamente rituales y colectivas. Hay pruebas de que existieron danzas de tipo doméstico, al realizarse las cuales se reunían los miembros de la familia y parientes cercanos.

Aunque en muchas ocasiones estos ejercicios giran de todas maneras alrededor del dios familiar, es posible pensar en una danza de tipo secular en la que, como sucede en la época actual, los fundamentos religiosos hayan sido sustituidos por la celebración particular a la que determinados acontecimientos y conmemoraciones familiares daban lugar.

La enseñanza de todas estas danzas se llevan a cabo mediante los mismos procedimientos que hoy en día se aplican y utilizan para la preparación de los bailarines tradicionales de las comunidades indígenas. Muchas de estas danzas se fueron trasladando de las deidades indígenas a los ritos religiosos que fueron imponiendo los misiones que se esparciendo por todo el territorio nacional, con las tradiciones de los ritos de semana santa y de los santos patrones de las comunidades, que les fueron cambiando los nombres por uno en español y dedicado a alguien.

Muchas danzas tradicionales de México, fueron creadas por sus habitantes de las comunidades que tenían ciertas cualidades creativas y rítmicas, siendo parte del patrimonio de la familia o de la comunidad.

Muchas danzas que aún se conservan de las diversas regiones del país, son parte de ese patrimonio que no debe desaparecer y se debe seguir cultivando. Los bailables norteños, las danzas de los Estados del Noreste, del centro y del Suroeste de México.

Los maestros del conocimiento coreográfico, así como los ejecutantes más aptos transmitían los “secretos” dancísticos a los niños y jóvenes, induciéndolos a superar sus proezas, sus habilidades creativas y recreativas, en escuelas de educación básica y media superior, también en centros o institutos culturales públicos.


Doctor en Educación.

Referirse a la educación de la danza tradicional significa, antes que nada, examinar la característica de la estructura de la enseñanza de la danza en nuestro país. Para ello se requiere establecer previamente cuáles son los géneros, tipos o modalidades de danza que se practican de manera viva y fehaciente.

En seguida, resulta obligatorio descubrir los parámetros en que la enseñanza de cada género se lleva a cabo. En México, la danza es y ha sido un arte profundamente frecuentado. Desde la época prehispánica fue utilizada como medio de respetuosa comunicación con los dioses y como un medio para adorar a las fuerzas que simbolizaban los fenómenos de la naturaleza.

Los cronistas de la conquista española describen profusamente a sus deidades y sus diversas tradiciones de culto, por los creadores de los mismos. En ellas, la danza ocupaba un lugar primordial y alcanzaba dimensiones colectivas y monumentales. Pero ésta no es la única fuente que señala la importancia del arte dancístico de las civilizaciones y cultura que se desarrollaron en el territorio nacional.

A saber, las observaciones y el análisis de los objetivos que nos legaron dichas culturas. En efecto, existen en la actualidad un enorme cúmulo de objetos de piedra, barro y otros materiales en los que se halla representada la actividad artística.

Asimismo, las pinturas murales, los códices y otras formas de superficies pintadas indican con claridad la injerencia de la danza en la vida de las comunidades de aquel tiempo.

Otra vía a la que hoy podemos acudir para hacer deducciones en torno al fenómeno de la danza son precisamente las prácticas dancísticas que en la actualidad aún realizan los grupos indígenas de México.

En sus danzas podemos descubrir gran parte de las características de las prácticas antiguas ya que muchos de sus elementos provienen de la época prehispánica.

Diseños, coreográficos, secuencias, pasos, ritmos, actitudes, vestimentas: resulta notable la originalidad que perdura en muchos de estos elementos. Desgraciadamente, no se han realizado investigaciones organizadas y sistematizadas que permitan deslindar cuáles son los elementos originales y adquiridos y cómo estos últimos se fueron agregando y transformando.

No obstante sus raíces religiosas, las danzas de los habitantes prehispánicos de nuestro territorio no eran exclusivamente rituales y colectivas. Hay pruebas de que existieron danzas de tipo doméstico, al realizarse las cuales se reunían los miembros de la familia y parientes cercanos.

Aunque en muchas ocasiones estos ejercicios giran de todas maneras alrededor del dios familiar, es posible pensar en una danza de tipo secular en la que, como sucede en la época actual, los fundamentos religiosos hayan sido sustituidos por la celebración particular a la que determinados acontecimientos y conmemoraciones familiares daban lugar.

La enseñanza de todas estas danzas se llevan a cabo mediante los mismos procedimientos que hoy en día se aplican y utilizan para la preparación de los bailarines tradicionales de las comunidades indígenas. Muchas de estas danzas se fueron trasladando de las deidades indígenas a los ritos religiosos que fueron imponiendo los misiones que se esparciendo por todo el territorio nacional, con las tradiciones de los ritos de semana santa y de los santos patrones de las comunidades, que les fueron cambiando los nombres por uno en español y dedicado a alguien.

Muchas danzas tradicionales de México, fueron creadas por sus habitantes de las comunidades que tenían ciertas cualidades creativas y rítmicas, siendo parte del patrimonio de la familia o de la comunidad.

Muchas danzas que aún se conservan de las diversas regiones del país, son parte de ese patrimonio que no debe desaparecer y se debe seguir cultivando. Los bailables norteños, las danzas de los Estados del Noreste, del centro y del Suroeste de México.

Los maestros del conocimiento coreográfico, así como los ejecutantes más aptos transmitían los “secretos” dancísticos a los niños y jóvenes, induciéndolos a superar sus proezas, sus habilidades creativas y recreativas, en escuelas de educación básica y media superior, también en centros o institutos culturales públicos.


Doctor en Educación.

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