/ domingo 1 de septiembre de 2019

Aceptación política, comunicación política e informes de gobierno.

A mi hijo, bienvenido a la edad universitaria.



El foco está en lo que el presidente informará como hechos consumados de las promesas de campaña que hizo durante 20 años, aunque según Parametría y El Financiero anuncia que a nueve meses la aprobación del gobierno se redujo a un 67%, después de que en febrero alcanzó el 83%, más del 77% que registró cuando tomó posesión el 1 de diciembre de 2018. ¿Qué es lo que implica esa aprobación?

Las encuestas son “retratos del momento” como confirmaría cualquier encuestadora. Nemotecnia, Enkoll, Demotecnia, Mercaei, las encuestadoras nacionales, por ahora las más representativas en el país, de manera coincidente confirman la caída de aprobación del gobierno mexicano. Hasta ahora los números muestran el tope al que puede llegar la simpatía hacia la persona y hacia el partido en el poder.

La pasión y la esperanza sacudida por el entonces opositor Morena, ahora ha despertado al ciudadano crítico. Con Fox ocurrió algo similar, primero el entusiasmo y apoyo a la esperanza de cambio hacia la alternancia, luego, la caída. Esta tendencia es natural dado el desgaste en las decisiones que no aceptan los ciudadanos. El cheque en blanco no siempre se da entre incondicionales, también hay ciudadanos que votan con condiciones que consideren satisfechas o no, reflejarán después, en una elección posterior.

Sin embargo, según estudios recientes de Enkoll (julio, 2019), el 36% se identifica con Morena, el 34% con ningún partido político, 9% con el PAN, 8% con el PRI y 4% con el PRD. Además, 16 millones de ciudadanos dicen ser beneficiarios directos con los nuevos programas iniciados por el gobierno de Morena, entre maestros, estudiantes, jornaleros, jóvenes, adultos mayores. Sin contar los 23 millones de personas que se proyecta se verán beneficiadas con los programas dirigidos a jóvenes y los de la tercera edad, que representan una cuarta parte del padrón electoral. Estos datos fraguan un próximo triunfo electoral seguro.

La Guardia Nacional, el Seguro Popular, la cancelación de Prospera, las Estancias Infantiles, las conferencias matutinas, la austeridad republicana, las acciones contra Rosario Robles o Javier Duarte, son temas que persisten en la agenda de la opinión pública, impuestos por el gobierno federal con las mañaneras precisamente. De ahí que la oposición está desfigurada. No hay una agenda alterna posible con tamaño aparato de comunicación política.

La marcha propuesta por una sociedad organizada para expresarse contra el primer informe presidencial tiene su legitimidad, pero representa poco en términos de comunicación política porque la simbología que maneja el presidente López Obrador representa la catarsis social contra la corrupción de las élites políticas hasta ahora.

Pero, la creciente inseguridad, el estancamiento de la economía, despidos indiscriminados, el desmante4lamiento de instituciones, política migratoria poco combativa contra Estados Unidos, el aeropuerto en Santa Lucía, denostar a las calificadoras internacionales, la reforma a la reforma educativa, el paso atrás que lleva el gabinete frente a la marcha del presidente, la concentración del poder en un líder, ¿hace que estemos pasando de un país de instituciones a un país de caudillos? Si esos temas son resultado de gobiernos anteriores, no puede convertirse en un discurso permanente, so pena de impactar en desilusión, desconfianza e incertidumbre. Al tiempo.

*Politóloga, profesora-investigadora. Miembro Fundadora de la AMECIP. Mail: margarita_arguelles@hotmail.com

A mi hijo, bienvenido a la edad universitaria.



El foco está en lo que el presidente informará como hechos consumados de las promesas de campaña que hizo durante 20 años, aunque según Parametría y El Financiero anuncia que a nueve meses la aprobación del gobierno se redujo a un 67%, después de que en febrero alcanzó el 83%, más del 77% que registró cuando tomó posesión el 1 de diciembre de 2018. ¿Qué es lo que implica esa aprobación?

Las encuestas son “retratos del momento” como confirmaría cualquier encuestadora. Nemotecnia, Enkoll, Demotecnia, Mercaei, las encuestadoras nacionales, por ahora las más representativas en el país, de manera coincidente confirman la caída de aprobación del gobierno mexicano. Hasta ahora los números muestran el tope al que puede llegar la simpatía hacia la persona y hacia el partido en el poder.

La pasión y la esperanza sacudida por el entonces opositor Morena, ahora ha despertado al ciudadano crítico. Con Fox ocurrió algo similar, primero el entusiasmo y apoyo a la esperanza de cambio hacia la alternancia, luego, la caída. Esta tendencia es natural dado el desgaste en las decisiones que no aceptan los ciudadanos. El cheque en blanco no siempre se da entre incondicionales, también hay ciudadanos que votan con condiciones que consideren satisfechas o no, reflejarán después, en una elección posterior.

Sin embargo, según estudios recientes de Enkoll (julio, 2019), el 36% se identifica con Morena, el 34% con ningún partido político, 9% con el PAN, 8% con el PRI y 4% con el PRD. Además, 16 millones de ciudadanos dicen ser beneficiarios directos con los nuevos programas iniciados por el gobierno de Morena, entre maestros, estudiantes, jornaleros, jóvenes, adultos mayores. Sin contar los 23 millones de personas que se proyecta se verán beneficiadas con los programas dirigidos a jóvenes y los de la tercera edad, que representan una cuarta parte del padrón electoral. Estos datos fraguan un próximo triunfo electoral seguro.

La Guardia Nacional, el Seguro Popular, la cancelación de Prospera, las Estancias Infantiles, las conferencias matutinas, la austeridad republicana, las acciones contra Rosario Robles o Javier Duarte, son temas que persisten en la agenda de la opinión pública, impuestos por el gobierno federal con las mañaneras precisamente. De ahí que la oposición está desfigurada. No hay una agenda alterna posible con tamaño aparato de comunicación política.

La marcha propuesta por una sociedad organizada para expresarse contra el primer informe presidencial tiene su legitimidad, pero representa poco en términos de comunicación política porque la simbología que maneja el presidente López Obrador representa la catarsis social contra la corrupción de las élites políticas hasta ahora.

Pero, la creciente inseguridad, el estancamiento de la economía, despidos indiscriminados, el desmante4lamiento de instituciones, política migratoria poco combativa contra Estados Unidos, el aeropuerto en Santa Lucía, denostar a las calificadoras internacionales, la reforma a la reforma educativa, el paso atrás que lleva el gabinete frente a la marcha del presidente, la concentración del poder en un líder, ¿hace que estemos pasando de un país de instituciones a un país de caudillos? Si esos temas son resultado de gobiernos anteriores, no puede convertirse en un discurso permanente, so pena de impactar en desilusión, desconfianza e incertidumbre. Al tiempo.

*Politóloga, profesora-investigadora. Miembro Fundadora de la AMECIP. Mail: margarita_arguelles@hotmail.com

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