/ domingo 26 de abril de 2020

Los tributos por la pandemia

La vida sigue su curso, no puede parar el devenir histórico, pero sí puede cambiar. De hecho, todos los días está cambiando sólo que ahora el cambio hizo un viraje de 380 grados para la humanidad entera y nosotros, los hombres, nos acoplamos para sobrevivir. ¿Cuánto nos está costando? ¿Qué es lo que estamos dando como tributo para que no terminemos en una fosa por el COVID-19?

El instinto de sobrevivencia hace que procuremos la preservación, así que desde los gobiernos se implementaron acciones sugeridas por los científicos para mitigar la pandemia y minimizar los riesgos: prevenciones sanitarias, económicas y sociales.

La crisis sanitaria hizo que los gobiernos realizaran acciones para combatir los contagios, unos con resultados nefastos como Italia o España en marzo. México entró el 21 de abril a la 3ª etapa de la pandemia, dos semanas cruciales para que después se aplane la curva de decesos, pero ya hay agotamiento después del 23 de marzo que se inició la campaña nacional “Quédate en casa” y “Susana Distancia” el 4 de abril que empezó la fase 2.

Analistas de todo tipo han evidenciado que la semiparálisis del mercado costará muy caro a las economías nacionales, consecuencias que agravan todavía más los problemas de pobreza y miseria en países Latinoamericanos y en el resto del mundo.

Aislarse de la convivencia social, en casa, fue una de las primeras medidas para frenar los contagios, sólo que no todos lo pueden hacer porque hay actividades esenciales. Sin embargo, vendedores de víveres, de comida, de medicamentos, médicos, enfermeras, servidores públicos de cárceles, hospitales, repartidores, dependientes de supermercados, conductores de vehículos transportistas, de transporte público, taxis; es decir, todos aquellos que sostienen la estructura social, y de quienes tal vez habíamos minimizado su trabajo.

Entonces, la semiparálisis social que vivimos está soportada por miles de esos trabajos antes invisibles. ¿Cuánto más? Si bien hay fatiga, es probable que estemos viviendo un profundo cambio social que vuelve los ojos a la familia.

Los tributos que estamos pagando son altos, lo resentimos económicamente por pérdida de empleo, por la pérdida de seres queridos por infecciones, por el aislamiento social. Pero es momento de volver la vista a quienes hacen posible que tengamos los recursos para sobrevivir.

El tributo que estamos entregando a la vida, a la familia, al trabajo, es extremo porque nunca antes había existido una situación como la que padecemos, pero tampoco antes hubo los recursos que ahora tenemos, sobre todo de la comunicación en web. Incluso los servicios religiosos se han transmitido así.

Los delitos siguen sucediendo, aunque modificados, los nacimientos siguen sucediendo, así como los decesos por causas diversas al COVID-19. En ese sentido, vale la pena leer a Byung-Chul Han en “Crisis de la libertad” (2018), quien planteaba la reflexión de la fase histórica que estamos pasando, una situación paradójica la libertad, porque en el neoliberalismo, esa libertad que debe ser contraria a la coacción se convierte en un signo patológico que puede ser, en realidad, la esclavitud.

Es tiempo de reflexionar en que lo único que no está sacrificado es esa libertad humana, volver la vista a uno mismo para valorar lo que tenemos y lo que podemos aportar a otros, aunque nos cueste fatiga. Sólo hay que ordenar los pensamientos y expresar esto mismo en las acciones de convivencia en contingencia, para repensar trabajar por nosotros, no por un mercado consumista.

*Politóloga, profesora-investigadora. Miembro Fundadora de la AMECIP. Mail: margarita_arguelles@hotmail.com

La vida sigue su curso, no puede parar el devenir histórico, pero sí puede cambiar. De hecho, todos los días está cambiando sólo que ahora el cambio hizo un viraje de 380 grados para la humanidad entera y nosotros, los hombres, nos acoplamos para sobrevivir. ¿Cuánto nos está costando? ¿Qué es lo que estamos dando como tributo para que no terminemos en una fosa por el COVID-19?

El instinto de sobrevivencia hace que procuremos la preservación, así que desde los gobiernos se implementaron acciones sugeridas por los científicos para mitigar la pandemia y minimizar los riesgos: prevenciones sanitarias, económicas y sociales.

La crisis sanitaria hizo que los gobiernos realizaran acciones para combatir los contagios, unos con resultados nefastos como Italia o España en marzo. México entró el 21 de abril a la 3ª etapa de la pandemia, dos semanas cruciales para que después se aplane la curva de decesos, pero ya hay agotamiento después del 23 de marzo que se inició la campaña nacional “Quédate en casa” y “Susana Distancia” el 4 de abril que empezó la fase 2.

Analistas de todo tipo han evidenciado que la semiparálisis del mercado costará muy caro a las economías nacionales, consecuencias que agravan todavía más los problemas de pobreza y miseria en países Latinoamericanos y en el resto del mundo.

Aislarse de la convivencia social, en casa, fue una de las primeras medidas para frenar los contagios, sólo que no todos lo pueden hacer porque hay actividades esenciales. Sin embargo, vendedores de víveres, de comida, de medicamentos, médicos, enfermeras, servidores públicos de cárceles, hospitales, repartidores, dependientes de supermercados, conductores de vehículos transportistas, de transporte público, taxis; es decir, todos aquellos que sostienen la estructura social, y de quienes tal vez habíamos minimizado su trabajo.

Entonces, la semiparálisis social que vivimos está soportada por miles de esos trabajos antes invisibles. ¿Cuánto más? Si bien hay fatiga, es probable que estemos viviendo un profundo cambio social que vuelve los ojos a la familia.

Los tributos que estamos pagando son altos, lo resentimos económicamente por pérdida de empleo, por la pérdida de seres queridos por infecciones, por el aislamiento social. Pero es momento de volver la vista a quienes hacen posible que tengamos los recursos para sobrevivir.

El tributo que estamos entregando a la vida, a la familia, al trabajo, es extremo porque nunca antes había existido una situación como la que padecemos, pero tampoco antes hubo los recursos que ahora tenemos, sobre todo de la comunicación en web. Incluso los servicios religiosos se han transmitido así.

Los delitos siguen sucediendo, aunque modificados, los nacimientos siguen sucediendo, así como los decesos por causas diversas al COVID-19. En ese sentido, vale la pena leer a Byung-Chul Han en “Crisis de la libertad” (2018), quien planteaba la reflexión de la fase histórica que estamos pasando, una situación paradójica la libertad, porque en el neoliberalismo, esa libertad que debe ser contraria a la coacción se convierte en un signo patológico que puede ser, en realidad, la esclavitud.

Es tiempo de reflexionar en que lo único que no está sacrificado es esa libertad humana, volver la vista a uno mismo para valorar lo que tenemos y lo que podemos aportar a otros, aunque nos cueste fatiga. Sólo hay que ordenar los pensamientos y expresar esto mismo en las acciones de convivencia en contingencia, para repensar trabajar por nosotros, no por un mercado consumista.

*Politóloga, profesora-investigadora. Miembro Fundadora de la AMECIP. Mail: margarita_arguelles@hotmail.com

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